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¿Cuántas veces has abandonado una actividad que te generaba buenos resultados pero suponía esfuerzo y disciplina?, es más, ¿Cuántas veces has pensado en empezar algún proyecto positivo que finalmente nunca llevaste a cabo? No sé a ti, pero a mí me faltan dedos para contarlos.

La procrastinación y la pereza cognitiva son inherentes a las personas ya que nos permiten ahorrar gran cantidad de energía, no obstante, a la hora de intentar conseguir los objetivos que queremos en nuestra vida son dos grandes barreras que debemos sortear.

Conseguir los objetivos que nos marcamos: ¿cómo lograrlo?

La psicología estudia la motivación como el proceso psicológico que vincula nuestro comportamiento hacia nuestras metas. No obstante, este proceso presenta la gran desventaja de ser temporal.

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A todos nos gustaría que la motivación que nos genera ver películas como Invictus, Gladiator o las famosas charlas de TED; permaneciera en nuestro día a día para conseguir los objetivos que nos proponemos, aunque la experiencia nos dice que en cuestión de horas volvemos a la línea base de conectarnos a las redes sociales y tumbarnos en el sofá.

La implementación de intenciones

Según la Teoría de la Conducta Planificada de Fishbein y Azjen, la relación entre intenciones y la conducta es de un 26%; ahora ya sabes el motivo de tus intentos fallidos. Esta baja correlación muestra que las intenciones no bastan y que hemos de encontrar un sistema que nos disponga de forma continua a nuestros objetivos.

El psicólogo neoyorquino Peter Gollwitzer se dio cuenta de la frecuencia con la que las personas encontramos problemas a la hora de transformar nuestras intenciones en acciones y creó el concepto de implementación de las intenciones.

Según esta teoría, al definir un objetivo de comportamiento en respuesta a un evento futuro puntual se incrementa notablemente el pasaje al acto. Por tanto, la mejor estrategia para llevar a cabo todos los proyectos que queramos emprender aunque cuesten trabajo, consiste en definir con antelación las situaciones de nuestro día a día en la que actuaremos de una forma determinada para conseguir nuestros objetivos.

La fórmula para mantener la motivación

Esta fórmula de actuación se conoce como la planificación “if-then” (“si-entonces”) y una de sus fases determinantes consiste en crear todas esas situaciones “Si X, entonces Y”. Veamos algunos ejemplos:

Si nuestro objetivo es ponernos en forma nos plantearemos:

  • Si me encuentro en casa y tengo una hora libre por delante, entonces me bajaré al gimnasio.
  • Si entro en el portal para subir a mi piso, entonces usaré las escaleras y no el ascensor

Si nuestro objetivo es encontrar pareja:

  • Si en una fiesta veo una chica que me guste, entonces la iré a saludar.
  • Si hay química entre los dos, entonces antes de acabar la noche le pediré el número y volver a quedar

Es necesario enfatizar que estas reglas se establecen como leyes universales de conducta de forma que cada vez que surja esa situación, actuaremos obligatoriamente de la forma indicada.

¿Por qué es efectiva esta teoría?

La efectividad de esta técnica reside en que la fórmula “Si X, entonces Y” es el código que mejor entiende el cerebro y, sobre todo, tiene en cuenta que la motivación es temporal, por lo que imponemos un sistema racional basando en situaciones-conducta que se impondrán cuando la pereza nos asalte.

Asimismo, numerosas investigaciones indican que la planificación “si-entonces” incrementa el rendimiento de los equipos al enfatizar el enfoque del grupo y provocar a los miembros a llevar a cabo las acciones clave en el momento oportuno según Heidi Grant de la Escuela de Negocios de Columbia.

La idea fundamental consiste en que la variable que media entre la intención y la acción no reside en la motivación temporal, sino en la decisión. Por tanto, las decisiones sobre cómo actuar se muestran como las variables mediadoras de las acciones que nos llevarán a nuestras metas más ansiadas.

Momento para pasar a la acción

Ya conoces que la forma más efectiva de empezar a entrenar, sacar la mejor nota en los exámenes, trabajar de forma más eficiente o cuales quieran que sean tus ambiciones; no consiste en ver vídeos motivacionales ni películas de superación, sino localizar las situaciones que te ocurren diariamente (“Si”), planificar las acciones más efectivas para alcanzar tus objetivos (“entonces”), implementarlas y considerarlas como reglas del juego para conseguir el mejor resultado.