Probablemente has oído en alguna ocasión de que a una persona le ha subido la tensión o que se le cae el pelo debido a la ansiedad. En estos casos se considera que un fenómeno mental es la causa de un fenómeno fisiológico real

Estos ejemplos no parecen muy importantes a nivel de salud, pero en otros casos pueden encontrarse enfermedades más severas, causantes de dolor o malestar o incluso incapacitantes en algún dominio vital para el sujeto. Aquí estaríamos hablando de un trastorno psicosomático.

Cuando la enfermedad es provocada por la mente

Se entiende por trastorno psicosomático todo aquel trastorno con correlato visible y comprobable médicamente en el organismo que es causado y/o potenciado por elementos psíquicos o mentales. Dicho de otro modo, por psicosomático se entiende toda aquella situación en la que los procesos mentales tienen un efecto directo, concreto y fácil de delimitar sobre una o varias zonas del organismo.

Esto supone que no existe un único trastorno psicosomático, sino que hay una amplia variedad de ellos en función del tipo de síntomas físicos y del sistema del organismo que presenta daños.

Las causas de este tipo de trastorno son como hemos dicho mentales, pero no existe un único proceso por el cual se formen. En general suponen la existencia de un estrés, ansiedad, frustración o malestar anímico persistentes a lo largo del tiempo, que causan sufrimiento de manera continuada, respondiendo el organismo físicamente y provocándose un daño real en él. Generalmente los daños los provocan la liberación continuada de adrenalinacortisol o la presencia de déficits o excesos en la emisión habitual de neurotransmisores y hormonas.

Trastornos generados o acentuados por la psique

Los trastornos psicosomáticos son muchos y variados, pudiendo afectar a diferentes sistemas como el endocrino, el cardiovascular, el respiratorio, el digestivo o el inmune. 

Algunos de los principales trastornos que pueden darse o agravarse en gran medida debido a causas psíquicas son los siguientes.

  • Cardiopatías: angina de pecho, infarto de miocardio.
  • Alteraciones vasculares: hipertensión arterial.
  • Neumopatías: asma.
  • Trastornos gastrointestinales: úlcera péptica, síndrome del colon irritable colitis.
  • Trastornos metabólicos: diabetes mellitus.
  • Genitourinarios: dismenorrea, poliuria.
  • Dermopatías: acné, eczema.
  • Inmunopatías: cáncer, enfermedades infecciosas.

Diferencias entre trastornos somatomorfos y psicosomáticos

Trastornos psicosomáticos y somatomorfos son confundidos a menudo. Sin embargo estamos ante diferentes tipos de trastorno, ya que a pesar de coincidir en diferentes aspectos fundamentales y definitorios, existe una diferencia principal. 

Dicha diferencia es que mientras que en los trastornos somatomorfos el paciente sufre una serie de síntomas de tipo físico o fisiológico pero que sin embargo no tienen un correlato fisiológico en forma de daño en los tejidos, en los trastornos psicosomáticos sí existe un daño visible y detectable en el organismo.

Así, la principal diferencia es que en los trastornos psicosomáticos hay un daño orgánico o enfermedad física real mientras que en los somatomorfos éstos no resultan visibles, a pesar de que en ambos casos hay síntomas de ellos y de que también en ambos casos el problema está causado o potenciado por un fenómeno psíquico.

Tratamiento del trastorno psicosomático

El tratamiento de los trastornos psicosomáticos puede ser complejo, y para realizarlo es necesario contar con la participación de un equipo multidisciplinar, siendo especialmente necesaria la participación de especialistas en medicina y en psicología

En general, el tipo de tratamiento va a variar en gran medida dependiendo del tipo de patología que se genere o potencie. Por ejemplo, una úlcera tendrá un tratamiento diferente que la dismenorrea o que una angina de pecho o una arritmia.

Intervención farmacológica y médica

A nivel farmacológico y médico, el tratamiento se focalizará en primer lugar en tratar la sintomatología presentada y el daño tisular de la cual se deriva. Dado que la ansiedad y el estado de ánimo son vinculados a este tipo de trastornos, el tratamiento de estos aspectos a nivel farmacológico también puede resultar de gran utilidad, si bien en este aspecto los fármacos suelen tener solo un efecto temporal y pueden volver a reaparecer los síntomas.

Intervención psicológica

A nivel psicológico resulta básico que el paciente sea capaz de expresar el motivo psíquico por el cual genera los síntomas, con lo que será necesario emplear técnicas dedicadas a este fin. Se recomienda el uso de aquellas técnicas empleadas en el tratamiento de la ansiedad, el estrés y la depresión. Además de ello se ha de tener en cuenta el tipo de afección generada y los efectos que su existencia pueda tener a nivel psíquico en el paciente. 

La realización de diferentes técnicas de relajación, la técnica de solución de problemas, el aprendizaje de diferentes métodos para tolerar y gestionar el estrés y la ansiedad, e incluso el entrenamiento en habilidades sociales (en los casos que la ansiedad se vea exacerbada por un déficit en este tipo de habilidades), la reestructuración cognitiva de cara a modificar las creencias disfuncionales, la desensibilización sistemática o el psicodrama pueden ser de mucha ayuda de cara a mejorar la sintomatología. 

El uso de la teatralización en forma de role-playing, modeladopsicodrama es un elemento a tener muy en cuenta y que pueden contribuir en gran medida a la mejoría de los síntomas al permitir al sujeto expresar o incluso tomar conciencia del origen de su dolencia o bien el motivo por el que se ha potenciado ésta.

Asimismo, la realización de ejercicio físico moderado (según el caso, ya que si hay patología coronaria debe extremarse la precaución en este aspecto), la expresión de conflictos o incluso elementos como la aromaterapia también pueden ser de utilidad para este tipo de pacientes.

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Quinta edición. DSM-V. Masson, Barcelona.
  • Bruceta, J.M.; Bueno, A.M.; Más, B. (2000). Intervención Psicológica en trastornos de la salud. Dykinson.
  • Sandín, B. (1993). Estrés y Salud: Factores que intervienen en la relación entre el estrés y la enfermedad física. Madrid: Pirámide.