El dolor de los demás puede despertar bienestar en las personas sádicas. Pexels

La personalidad es un constructo que hace referencia al patrón de pensamientos, creencias, modos de ver mundo y comportamientos en gran parte adquiridos a lo largo del ciclo vital que se mantienen a través de las situaciones y del tiempo.

Algunos de estos patrones resultan disfuncionales y no permiten una correcta adaptación al medio por parte del sujeto, haciéndole sufrir severas dificultades o bien provocando daños a terceras personas. Éste último de los supuestos es el que ocurre con trastornos como el antisocial o el del que vamos a hablar en este artículo: el trastorno sádico de la personalidad, un fenómeno que produce mucho interés.

El trastorno de personalidad sádica

Se considera trastorno de la personalidad sádica a un patrón patológico de conducta cruel, vejatoria y agresiva que se manifiesta de manera continuada a lo largo de la vida de manera consistente a través de las situaciones. Tal y como ocurre con el sadismo sexual, el sujeto siente disfrute y satisfacción de la observación del sufrimiento y humillación de otros. Para ello puede utilizar desde la violencia física hasta humillaciones, mentiras y rumores para causar daños, sin un objetivo concreto más allá que el placer de hacerlo.

Frecuentemente se emplea la violencia y la vejación con el objetivo de dominar a otros por mero placer, sin que la crueldad empleada sea un medio para alcanzar otros objetivos. Asimismo es habitual que consigan imponer su voluntad a través del temor y la coacción. Suelen ser personas controladoras y limitar la libertad de quienes les rodean, especialmente con sus seres más cercanos, así como manifestar fascinación por la muerte y la violencia.

Hay que tener en cuenta que dicho trastorno no se limita a una persona ni situación concreta ni se refiere al mero uso del dolor de otros como objeto de satisfacción sexual (es decir personas que manifiestan sadismo sexual no tienen porqué tener una personalidad sádica), sino que estamos hablando de un patrón generalizado de comportamiento.

Vinculación con la criminalidad

Puede resultar fácil atribuir la criminalidad a trastornos mentales y de personalidad, pero por norma general la mayoría de sujetos que cometen delitos (incluyendo de sangre) son personas sin ningún tipo de alteración psicopatológica. Es necesario tener en cuenta que aunque estemos hablando de personas que disfrutan de la humillación y el dolor ajenos, ello no implica que vayan a incurrir en ningún tipo de delito.

Sin embargo, sí existe una mayor prevalencia de este trastorno y de la psicopatía en determinados tipos de crímenes: es lo que ocurre con gran parte de los asesinos en serie. En otros casos la prevalencia es mucho menor, pero en ocasiones en algunos estudios llevados a cabo con población reclusa se puede encontrar que algunos de los sujetos que cometen abusos/agresiones sexuales o malos tratos tienen rasgos típicos de este trastorno.

Pese a ello hay que insistir en que padecer este trastorno no induce necesariamente a la criminalidad, siendo de hecho la mayor parte de los criminales individuos sin una patología mental ni de personalidad.

¿Causas?

Aunque aún se desconocen las posibles causas de este trastorno, como trastorno de la personalidad el origen del trastorno sádico de la personalidad se encuentra en la interacción del temperamento biológico con la experiencia y el ambiente.

En este sentido se propone que en muchos casos puede surgir en parte de elementos bioquímicos y cerebrales (pueden estar implicadas áreas cerebrales como el sistema límbico y el de recompensa cerebral) y de aprendizaje, como por ejemplo en situaciones de violencia intrafamiliar o abusos sexuales o físicos continuados a lo largo de la vida del sujeto que éste ha aprendido por modelado y asociado al poder y/o al placer.

Falta de información y situación actual

Sin embargo, existen dudas sobre su existencia como trastorno de la personalidad: aunque es evidente que existen personas con actitudes sádicas como ocurre con algunos psicópatas, no hay suficiente evidencia como para caracterizar totalmente este tipo de trastorno e incluso determinar si estamos realmente ante un trastorno de personalidad distinto y separable de otros ya existentes.

Las clasificaciones diagnósticas se centran especialmente en lo conductual sin profundizar en los aspectos emocionales y cognitivos. Se requiere de mayor investigación al respecto con el fin de obtener más datos. Aunque recogido por el DSM-III y por Millon como trastorno de la personalidad, en la actualidad el trastorno sádico de la personalidad consta como una categoría diagnóstica propuesta para investigación y recogida en los apéndices del mayor manual diagnóstico para la clasificación de los trastornos mentales americano, el DSM.

Vinculación con la psicopatía y el trastorno antisocial

Aunque a simple vista se puede observar que psicopatía trastorno antisocial y trastorno sádico de la personalidad están íntimamente relacionados (de hecho, en muchos casos concurren en un mismo sujeto), se trata de clasificaciones que no son sinónimas.

En los tres casos se comparte una actitud dominante y en el que suelen cometer engaño y vulneración de derechos para obtener sus objetivos, a menudo con ausencia o dificultad para la empatía y el remordimiento.

Sin embargo, la obtención de placer y gratificación con el sufrimiento y la dominación que son el núcleo de este trastorno no son absolutamente definitorios ni del psicópata (no todos los psicópatas son sádicos) ni del sujeto con trastorno antisocial. Del mismo modo, un sujeto puede ser sádico sin por ello burlar ni violar las normas sociales ni las leyes, algo extraño en el trastorno de la personalidad antisocial.

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association (2002). DSM-IV-TR. Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Edición española. Barcelona: Masson. (Original en inglés de 2000).
  • American Psychiatric Association (1987). Diagnostic and statistical manual of mental disorders. 3a edición revisada (DSM-III-R). Washington, D.C..
  • Caballo, V. (2001). Una introducción a los trastornos de personalidad en el siglo XXI. Psicología conductual, 9(3);455-469.