Este concepto sirve para referirse a explosiones de ira que resultan patológicas.

La irritabilidad y accesos de rabia en menores de esas es uno de los motivos más recurrentes en las consultas y centros de psicología. Aunque estas reacciones son relativamente habituales en estas etapas su cronicidad e intensidad deben ser controladas.

Cuando estos accesos son demasiado acentuados y ocurren con demasiada frecuencia pueden ser diagnosticados como un Trastorno de Desregulación Disruptiva del Estado de Ánimo. A continuación hablamos de sus síntomas y tratamiento, así como de la polémica que rodea a este concepto.

¿Qué es el Trastorno de Desregulación Disruptiva del Estado de Ánimo?

El Trastorno de Desregulación Disruptiva del Estado de Ánimo (TDDEA) es un término relativamente novedoso en psicología clínica y psiquiatría el cual hace referencia a una perturbación del estado de ánimo del niño o niña. Durante este el niño muestra manifestaciones de irritabilidad crónica y estadillos de humor desproporcionados en comparación con la situación.

Aunque estos síntomas puedan verse también en una gran variedad de alteraciones psicológicas infantiles como el trastorno bipolar, el trastorno negativista desafiante (TND) o el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), la idea de crear un nuevo concepto como la del TDDEA se fundamentó con el objetivo de poder incluir las rabietas y los accesos de cólera al diagnóstico.

La incorporación al DSM-V de esta nueva etiqueta para el comportamiento infantil ha sido ampliamente criticada tanto por profesionales de la psicología y de la pedagogía, como por los investigadores en ciencias del comportamiento. Una de estas críticas es el cuestionamiento de si es realmente necesario la creación de más etiquetas para comportamiento infantil, puesto que estas tienden a crear un estigma en el niño tanto a nivel personal como social.

Por otra parte, los criterios diagnósticos no tienen en cuenta el contexto familiar, escolar o social del menor, el cual puede ejercer una gran influencia tanto en su estado de ánimo como en su comportamiento, pudiendo ser la causa real de estas explosiones de ira y cólera.

Finalmente, se ha puesto en duda si este trastorno era sustancialmente diferente de los otros ya expuestos. No obstante, según ciertos estudios sí existe una disparidad tanto en la etiología, como en la evolución y en las bases neurobiológicas.

Diferencias con el trastorno bipolar pediátrico

Existen muchos casos de supuestos trastornos de desregulación disruptiva del estado de ánimo que, debido a la similitud entre la sintomatología de ambas afecciones, se han diagnosticado como trastorno bipolar pediátrico.

La principal diferencia entre ambos es que, así como en el trastorno bipolar el menor presenta episodios bien definidos de estado de ánimo depresivo y de manía, los niños diagnosticados de TDDEA no experimentan estos diferentes episodios de manera tan precisa o delimitada.

En la bipolaridad los episodios específicos se van entremezclando con momentos de eutimia, mientras que en el TDDEA los periodos de cambio son mucho más persistentes y aleatorios.

Sintomatología del TDDEA

Para poder realizar un diagnóstico satisfactorio del TDDEA, sin necesidad de cargar al niño con etiquetas innecesarias, en el quinto volumen del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V) se describen los criterios diagnósticos de este trastorno, incluyendo sus síntomas y sus excepciones. Estos criterios son:

  • Síntomas presentes en niños o niñas de entre 6 y 18 años de edad.
  • Arrebatos graves y recurrentes de cólera como respuesta a estresores comunes. Estos arrebatos deben ser incongruentes con el nivel de desarrollo del niño, el estado de ánimo entre los accesos de rabia debe ser irritable o irascible y el promedio de los accesos de cólera debe ser, como mínimo, de tres veces a la semana.
  • Los síntomas comienzan antes de los 10 años de edad.
  • Sintomatología persistente durante al menos 12 meses.
  • Los síntomas no han desaparecido por tres o más meses seguidos.
  • Los síntomas deben aparecer al menos en dos de los siguientes contextos: hogar, escuela, contexto social; siendo graves en al menos uno de ellos.
  • La sintomatología no puede ser explicada mejor por alguna otra afección médica, así como tampoco por el consumo de algún fármaco o sustancia.
  • Los síntomas no se corresponden con los criterios de un episodio maníaco o hipomaníaco durante más de un día.
  • Los síntomas no cumplen los criterios de un episodio depresivo mayor.

Es necesario concretar que este diagnóstico en ningún caso puede ser realizados antes de los 6 años de edad, puesto que en estas etapas tanto las rabietas y berrinches como las explosiones de ira son habituales y normativas.

Por otra parte, el DSM-V especifica la imposibilidad de que este trastorno se de a la vez que un trastorno bipolar, un trastorno negativista desafiante o un trastorno explosivo intermitente.

Efectos y consecuencias del TDDEA

Según las evaluaciones y estudios propios del campo de la psicología infantil, se aprecia que aproximadamente un 80% de los menores de 6 años de edad manifiestan rabietas de manera más o menos recurrente, llegando a ser severas solamente en un 20% de los casos.

Para que esta cólera o agresividad pueda ser considerada como patológica debe de interferir en la vida diaria del menor, así como en su rendimiento académico y en la dinámica diaria familiar. En cuanto al ámbito familiar, este trastorno tiende generar una gran impotencia y sensación de desorientación en los padres de los niños afectados, puesto que son incapaces de manejar o controlar la conducta y los actos del niño; temiendo imponer castigos demasiado rígidos o por el contrario demasiado laxos.

Por lo que respecta al niño, el comportamiento irascible acaba por afectar a la relación de este con sus compañeros o iguales, los cuales no llegan a comprender el porqué de su conducta. Además, los niveles de frustración que siente son tan altos, que su capacidad de atención acaba por disminuir, dificultando su progreso académico.

Tratamiento

Debido a lo novedoso del concepto, el tratamiento del TDDEA todavía se encuentra en vías de investigación y desarrollo por los profesionales clínicos. No obstante, el protocolo principal para la intervención en estos casos incluye la combinación de fármacos con terapia psicológica.

La medicación de elección suelen ser fármacos estimulantes o medicamentos antidepresivos, mientras que la psicoterapia consiste en un análisis conductual aplicado. Además, se resalta el papel activo de los padres en el tratamiento, puesto que estos deberán aprender a manejar de la mejor manera posible los cambios en el estado de ánimo del niño.

El tratamiento farmacológico del trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo es otro de los puntos por los que esta afección ha recibido numerosas críticas, cuestionando la necesidad real de medicar a los niños.