El psicoanálisis es probablemente uno de los paradigmas y corrientes de pensamiento más conocidos del ámbito de la psicología por parte de la población en general.

Tipos de psicoanálisis, y sus diferencias

Centrado en la presencia de conflictos inconscientes y la represión del instinto, se trata de una de las teorías más controvertidas que intentan explicar entre otras cosas por qué somos quienes somos, pensamos como pensamos y actuamos como actuamos.

Al hablar de psicoanálisis generalmente pensamos en su fundador Sigmund Freud y su teoría psicoanalítica, pero existe una gran variedad de teorías que se derivaron de este y terminaron constituyendo diferentes tipos de psicoanálisis.

1. El psicoanálisis freudiano

El psicoanálisis no es solo un conjunto de teorías psicológicas, sino que supone además un método de investigación y un modo y técnica de tratamiento psicoterapéutico. 

La teoría psicoanalítica tiene su origen en la figura de Sigmund Freud, un doctor vienés especializado en neurología que vivió durante la época victoriana y que a lo largo de su carrera desarrolló diversas teorías y modelos explicativos respecto a la estructura de la personalidad, el desarrollo humano y la psicopatología.

Inconsciente

El psicoanálisis freudiano y posteriormente todos los tipos de psicoanálisis o teorías psicodinámicas se han caracterizado por dividir la psique en tres aspectos fundamentales, consciente, preconsciente e inconsciente, de los cuales se han centrado principalmente en el estudio del último. El inconsciente es la parte de la psique más determinante, al recoger los deseos, impulsos y sensaciones más primitivos y pulsionales que vamos desarrollando desde la infancia y regirse por el principio de placer.

Ello, yo y superyó

Además, en esta teoría el aparato psíquico está configurado por tres elementos principales, denominados ello, yo y superyó. Mientras que el ello es la parte instintiva e impulsiva que dicta lo que deseamos y que suele actuar a nivel inconsciente, el superyó es la parte de nuestra psique que observa la moralidad de la conducta y busca que esta sede de una forma responsable. Por último, el yo se encargaría de hacer que los deseos del ello entren dentro de lo que el superyó encuentra aceptable, utilizando varios mecanismos de defensa para mediar entre deseos y realidad.

Pulsiones

Para Freud, el motor principal de la conducta y la vida psíquica es la pulsión libidinal o sexual. Estos instintos son reprimidos por parte de la conciencia en base a la censura provocada por el superyó sobre el ello, que hace que el yo busque mecanismos para reprimir o sublimar los deseos. Dichos mecanismos de defensa pueden no ser suficientemente eficientes a la hora de resolver los conflictos internos, pudiendo generar diversos trastornos.

Además de todo lo anterior Freud establece un modelo de desarrollo basado en el impulso libidinal, su modelo genético del desarrollo psicosexual. En él el individuo irá pasando por las fases oral, anal, fálica, latente y genital, superando diferentes complejos y angustias hasta lograr el completo desarrollo y maduración psicosexual. Es posible que se sufran regresiones que se traducirían en distintos comportamientos y patologías.

Psicopatologías

Los problemas psíquicos son síntoma de la existencia de conflictos inconscientes, que generalmente se deben a traumas reprimidos o problemas no resueltos, apareciendo debido a que los mecanismos de defensa no han sido capaces de reducir la tensión generada por dichos conflictos.

Terapia

En lo referente al tratamiento psicoterapéutico, el enfoque freudiano pone especial énfasis en la relación entre profesional y terapeuta, denominada relación terapéutica. Dada la importancia otorgada a las necesidades sexuales a la hora de explicar la conducta, Freud consideraba que su represión y no satisfacción podría provocar que parte de la líbido se dirija hacia el terapeuta, transfiriendo el paciente las emociones bloqueadas a la figura del profesional como una manera de revivir los sucesos reprimidos. Se emplea para ello el mecanismo de proyección. 

Analizar dichas transferencias permitirá, según esta teoría, que el paciente descubra los elementos reprimidos y bloqueos existentes, pudiéndose mejorar el estado del paciente. Asimismo también se tiene en cuenta las reacciones del terapeuta hacia las revelaciones del paciente o contratransferencia, las cuales pueden permitir interpretar lo expresado inconscientemente por el individuo tratado. Este último aspecto ha de ser muy controlado de manera que no se contamine la relación terapéutica.

2. Siguiendo con la teoría freudiana: la tradición psicoanalítica del yo

Un gran número de los discípulos de Freud consideraba que sus teorías eran correctas y ciertas, manteniendo una cierta continuidad con el fundador de la disciplina en el desarrollo del psicoanálisis. Sin embargo, que aceptaran las teorías del padre del psicoanálisis no implica que no desarrollaran nuevas perspectivas y tipos de psicoanálisis, profundizando en ellas y expandiéndose a nuevos ámbitos. 

En este sentido, la tradición psicoanalítica del yo se caracteriza por expandir su ámbito de actuación, aplicándose a niños y a otros trastornos severos. Se haría más énfasis en el Yo, y se pondría el foco en las relaciones interpersonales. También habría algunas diferencias con el psicoanálisis freudiano, como una mayor directividad y actividad por parte del profesional y un enfoque más cercano a lo real, y social. Se buscaba un aumento en la capacidad de adaptación del individuo y se valoraba la capacidad de toma de decisiones por parte de éste. 

Si bien múltiples autores pueden inscribirse dentro de esta tradición, como Anna Freud quien profundizó en gran medida en los diferentes mecanismos de defensa que empleamos, en general los componentes de la tradición psicoanalítica del yo aceptarían la mayor parte de conceptos y teorías freudianas. Algunas de las autoras que tuvieron aportaciones más significativas son las siguientes.

Winnicott

Las aportaciones de Winnicott se centraron en el papel de los objetos y fenómenos transicionales y el papel de la madre y el vínculo materno-filial en el desarrollo humano. Este autor consideraba que los problemas mentales se deben a fallos en la provisión de estimulación durante la infancia.

Según el niño va desarrollándose establece relaciones con el entorno y los diferentes seres que le rodean. Inicialmente establecen una serie de conductas o vinculaciones con objetos (transicionales) que permiten hacer más tolerable la ansiedad, permitiendo asimismo que empiece a diferenciar entre el yo y el no yo.

El papel de la madre en el desarrollo es fundamental, siendo la preocupación maternal captada por el niño y otorgándole seguridad y ejerciendo de yo auxiliar hasta que el niño consigue elaborar su propio self. El niño pasará por varias fases de dependencia hasta que pueda ser autónomo.

En casos en que es necesaria terapia, el terapeuta ha de actuar como un objeto transicional que permita favorecer y completar el desarrollo a través de la transferencia y contratransferencia.

3. La teoría de las relaciones objetales de Melanie Klein

El trabajo de Melanie Klein en el psicoanálisis infantil es ampliamente conocido. Focalizada principalmente en el aspecto práctico más que en el teórico, esta autora es considerada la fundadora de la teoría de las relaciones objetales, según la cual el individuo se relaciona con el entorno en función del tipo de vínculos que se establezcan entre sujeto y objeto.

Fantasía inconsciente

Uno de los tipos de psicoanálisis centrado en el desarrollo de los niños más importante, un concepto muy importante para la autora es la fantasía inconsciente, entendida como aquella expresión de los deseos e instintos que existen desde el inicio de la vida. Estas fantasías son las que dirigen la conducta del niño y permiten comprender su actitud y modo de actuar.

A la hora de evaluar y tratar a los niños resulta especialmente importante el uso del juego simbólico como elemento para extraer información de los niños. dado que no se puede aplicar la asociación libre al no tener los suficientes recursos y madurez como para ello. Sin embargo en el juego se proyectan las fantasías inconscientes que dirigen la conducta, de modo análogo a lo que se haría mediante la asociación libre. Además, la interpretación del sentido del juego puede servir para modificar la angustia del infante.

En lo que se refiere a la manera de vincularse a los objetos, establece dos posiciones: La primera es la posición esquizoparanoide en la el individuo no es capaz de distinguir entre el yo y el no yo y en la por lo tanto no se es capaz de integrar que un mismo objeto puede ser en ocasiones gratificante y en ocasiones estar ausente o ser doloroso, con lo que cada objeto es partido en dos (uno bueno y otro malo). Se tiene un pensamiento concreto y parcial.

La segunda es la posición depresiva, en que los objetos se empiezan a ver como un todo a veces bueno y a veces malo, y con el que llega el miedo a perder el objeto amado.

En las relaciones objetales la pulsión de vida se vería a través de la gratitud, mientras que la de muerte a través de la envidia y los celos. Esto es especialmente importante para la resolución del conflicto de Edipo.

También indica que el Yo tiene cuatro funciones básicas, experimentar y luchar contra la ansiedad causada por la pulsión de muerte, el establecimiento de relaciones de objeto, la integración y síntesis del sí mismo y la adquisición y emisión mediante introyección y proyección de actitudes y características externas o internas.

4. Tradición neofreudiana: divergencias con el psicoanálisis freudiano

Las teorías de Freud atrajeron en un primer momento a numerosos estudiosos que se formarían en las complejidades de la mente humana bajo la escuela de psicoanálisis. 

Sin embargo, en muchos casos acabarían surgiendo importantes diferencias en la forma de concebir diversos aspectos de la psique. Por ejemplo, muchos autores se opusieron al concepto de pulsión de muerte. Asimismo otros tuvieron un mayor interés en los aspectos conscientes de la persona. La identificación de lo sexual como motor principal de la conducta y del desarrollo también sería ampliamente discutido, considerándose algo secundario en la determinación de la conducta. Además en el psicoanálisis freudiano no se profundiza ni da excesivo valor a los aspectos sociales y culturales, así como tampoco a la situación actual del paciente siendo ésta derivada en su mayoría de traumas infantiles. 

Por ello muchos autores acabaron abandonando el psicoanálisis clásico y estableciendo sus propias líneas de pensamiento, surgiendo nuevos tipos de psicoanálisis. Algunos de los autores más destacados son los siguientes.

5. Psicología analítica de Jung

Carl Gustav Jung fue uno de los discípulos de Freud que si bien inició su andadura con el padre del psicoanálisis acabaría discrepando en múltiples aspectos con él, separándose de su escuela y elaborando la que se denominaría psicología analítica o profunda. Para Jung, si bien la libido estaba presente en el ser humano, esta solo era una parte secundaria de su ser y no su motor principal. 

Se trata de uno de los tipos de psicoanálisis más conocidos, siendo en él la energía la energía psíquica el motor principal de la actuación humana. Esta energía es expresada en el pensar, sentir, intuir y percibir.

Dos tipos de inconsciente

Otra de las principales diferencias es que la psicología analítica considera la existencia de dos tipos de inconsciente: uno individual en el que se pueden encontrar las vivencias reprimidas y otro colectivo desde el que se hereda en parte el saber y conocimiento de los antepasados. En el primero se pueden generar complejos derivados de traumas infantiles, existiendo siempre en el individuo una parte de la que somos conscientes y mostramos al mundo, la persona, y una parte llamada sombra en la que nuestro lado instintivo e inconsciente se ve censurado y oculto al mundo. 

Inconsciente colectivo

En lo que respecta al inconsciente colectivo, en base a él se puede ver la existencia de diversos arquetipos o expresiones psíquicas universales y compartidas que actúan de manera autónoma ante sucesos externos y que se expresan de diferente manera en nuestra vida, permitiéndonos desde relacionar nuestro yo con el entorno hasta finalizar el proceso de individuación.

Personalidad

La personalidad se forja a partir de procesos básicos, principalmente en el desarrollo de relaciones entre sujeto y objeto a la hora en lo que determinará nuestro nivel de introversión o extraversión, en la capacidad racional en lo que se refiere a la capacidad de reflexionar o sentir y en los procesos irracionales a la hora de establecer si somos más sensoriales o intuitivos.

La psicología profunda otorga gran importancia a lo simbólico y espiritual, trabajando en gran medida a través de las expresiones artísticas y espontáneas de lo inconsciente. Por eso mismo es de gran importancia el análisis de los sueños, los cuales tienen una función compensatoria y aclaratoria de la conciencia.

El objetivo final del tratamiento en este tipo de psicoanálisis es lograr el correcto desarrollo de la mismidad o la individuación, desde una relación de colaboración entre paciente y terapeuta.

6. Psicología individual de Adler

Al igual que ocurriría con Jung, Adler consideraría que la teoría de Freud daba demasiada importancia al ámbito sexual. Además al contrario que Freud considera que si bien lo inconsciente y el pasado son importantes el ser humano es por sí mismo un ser activo con capacidad de crear y decidir en el presente, no resultando determinado por su pasado.

Aquí y ahora

Este tipo de psicoanálisis se centra más en el aquí y el ahora, teniendo el yo consciente una gran importancia en el pensamiento de Adler y siendo el individuo consciente de sus posibilidades y limitaciones. Es por ello que terminaría separándose del psicoanálisis tradicional y estableciendo la psicología individual.

Sentimiento de inferioridad

Para este autor, los problemas surgen ante la comprensión de que los propios deseos están fuera del alcance del individuo, naciendo en él el sentimiento de inferioridad. Así, la psicología individual se basa en el afán de poder como manera de intentar compensar los sentimientos de inferioridad. El ser humano tiende a buscar el sentimiento de pertenencia a la comunidad. 

Para este autor es necesario tratar al individuo de forma holística, teniendo una gran importancia sus creencias y conceptos de sí mismo y del mundo. Se trabaja desde el cambio en el estilo de vida intentando hacer consciente una línea directriz vital que, cambiando la orientación hacia los sucesos de la vida, el individuo quiera seguir y fortalecerla mediante la autoconfianza.

7. Psicoanálisis Interpersonal de Sullivan

Se trata de uno de los tipos de psicoanálisis más enfocado en la relación entre personas, situándose el foco de interés en la capacidad de establecer relaciones interpersonales y la comunicación. Lo interpersonal llega a asumir y a provocar lo intrapsíquico, entendiendo dichas relaciones como el principal motor y modificador de conducta. 

Bajo el psicoanálisis ínterpersonal la personalidad es y se debe al patrón estable de situaciones interpersonales que caracterizan al ser humano. Dicho patrón está compuesto por dinamismos, personificaciones y un sistema del yo elaborado a partir de la experiencia.

Dinamismos y necesidades

Los dinamismos son maneras perpetuadas a través del tiempo en que el individuo transforma su energía dirigiéndola al intento de satisfacción de una necesidad, sea de autosatisfacción o de seguridad (entendida esta como alivio de ansiedad). Estos dinamismos reducen la tensión producida por la presencia de una necesidad, pero en caso de que no sean efectivos generarán ansiedad que derivará en comportamientos destructivos.

Las personificaciones son la manera en que interpretamos lo interpersonal, las reacciones y actitudes de los demás. Se trata de esquemas elaborados a partir de la experiencia repetida con los demás que se fijarán a nuestra estructura interna, formando parte de nuestra personalidad.

En cuanto al sistema del Yo, se trata de un sistema de personalidad elaborado mediante las experiencias vitales y que tiene como objetivo la protección de nuestra autoestima mediante la satisfacción de las personas que queremos.

Símbolo

Con todo ello, es posible observar que el énfasis principal de este tipo de psicoanálisis se encuentra en el uso del símbolo como elemento comunicativo y en la expresión de contenidos mentales y físicos.

Para Sullivan los sucesos que vivimos son procesados internamente de diferentes modos según vamos creciendo. El primero de ellos sería el prototáxico, típico de los recién nacidos, en que se siente el entorno como algo indiferenciado sobre el que no tenemos control. Posteriormente veríamos el mundo de modo paratáxico, pudiendo hacer asociaciones entre elementos del entorno y predicciones según vamos adquiriendo experiencia y capacidad simbólica. Por último, ya de adultos y en el caso de conseguir un desarrollo correcto llegaríamos a experimentar el mundo de forma sintáctica, pudiendo compartir símbolos de forma correcta y activa y basando la actuación en la lógica y adaptación al contexto.

Psicopatología

Problemas psicológicos como los trastornos mentales son para éste tipo de psicoanálisis producto de patrones relacionales desadaptativos o bien de dinamismos desajustados, habiendo de tratarse teniendo en cuenta la terapia como un tipo de relación interpersonal que ha de aportar seguridad a la vez que facilita cambios que hagan las relaciones personales más adaptativas y en que el paciente se exprese de forma adaptativa y libre de inhibiciones.

8. El psicoanálisis humanista de Fromm

El psicoanálisis tradicional está principalmente basado en el poder de lo inconsciente sobre el comportamiento del individuo, tratando y centrándose en la existencia de conflictos y procesos de pensamiento patológicos. Erich Fromm, sin embargo, creía que para entender la mente humana es necesario saber cómo encontramos sentido a nuestras vidas, explorando el lado positivo y motivacional de la psique. 

Se trata de uno de los tipos de psicoanálisis de enfoque más humanista y vinculado con elementos positivos sin rechazar por ello la importancia del dolor humano.

Sin embargo, otra de las características de la perspectiva psicoanalítica de Erich Fromm es que incorpora un importante componente social en sus ideas, y no se centra tanto en los individuos.

Afecto y amor

Para este autor el ser humano es capaz de hacer frente al dolor a partir de la otorgación de un sentido o significado tanto a este como a la propia vida. Fromm consideraba que los problemas interpersonales son la principal fuente de malestar, en una lucha entre nuestros deseos y objetivos personales y el deseo de vinculación con los demás. Para el psicoanálisis humanista, para vencer el malestar es necesario desarrollar el afecto, la aceptación del otro y el amor.

El objetivo principal del psicoanálisis humanista de Fromm se basa no en el tratamiento y evitación del sufrimiento, sino en la búsqueda de la felicidad y de la potenciación de las propias fortalezas y puntos fuertes a través del establecimiento de objetivos vitales.

9. Volviendo al origen: el psicoanálisis de Lacan

Independientemente de que siguieran a Freud o terminaran divergiendo con él, la mayor parte de teorías posteriores al psicoanálisis clásico supusieron avances significativos en diferentes áreas del conocimiento. 

Sin embargo uno de los tipos de psicoanálisis postfreudianos se manifiesta a favor de volver a un enfoque clásico y más cercano al inicial, habiéndose alejado el resto excesivamente de los pilares fundamentales del paradigma. Se trata del enfoque de Jacques Lacan.

Placer, sufrimiento y tensión

Las aportaciones de este autor pasan por la distinción entre los conceptos de placer como actividad dirigida a evitar el sufrimiento o reducir tensión y el goce como elemento placentero vinculado a aumentar dicha tensión, disfrutando inconscientemente de lo que nos generaría malestar. Recupera el concepto de pulsión de muerte (introduciendolo en la idea de goce).

Reinterpreta la estructura psíquica en real, imaginario y simbólico. Lo real sería aquello que desconocemos y que no somos capaces de expresar con el lenguaje, lo imaginario sería lo representado en los sueños y fantasías, y lo simbólico todo aquello que nace de la consciencia y en lo que usamos códigos como la palabra, formando el superyó y estructurando el yo.

Así, el lenguaje resulta de gran importancia, permitiendo unir el discurso de lo inconsciente con lo consciente. Propone asimismo que la verdad, como algo real, no es soportable para el yo siendo solo posible conocer una parte de ella al estar restringido por lo simbólico.

Referencias bibliográficas:

  • Almendro, M.T. (2012). Psicoterapias. Manual CEDE de Preparación PIR, 06. CEDE: Madrid