Se estima que, a lo largo de su vida, una de cada cuatro personas va a padecer algún tipo de trastorno mental, siendo los más frecuentes los vinculados a la ansiedad y a la depresión. El tratamiento de dichos problemas y trastornos pueden abordarse de múltiples maneras desde la psicología, siendo una de las más habituales el uso de técnicas de modificación de la conducta.

Dentro de estas técnicas, es cada vez más frecuente el uso de terapias de tercera generación, las cuales modifican la conducta a la vez que trabajan aspectos como la relación del paciente con el problema y el contexto en que vive el susodicho.

Las terapias de modificación de conducta

Cuando hablamos de terapias de tercera generación estamos hablando de uno de los más recientes tipos de terapia de conducta, elaboradas teniendo en cuenta las limitaciones de sus antecesoras. Para entender qué son es necesario en primer lugar recordar qué es una técnica o terapia de conducta

La persona con un trastorno mental suele experimentar un profundo malestar producto de la realización o los efectos de la realización de patrones conductuales y de pensamiento que no le sirven de manera eficiente para explicar o interactuar con el mundo, resultando la conducta poco adaptativa y viéndose limitado en obra y/o pensamiento.

Las técnicas de conducta o de modificación de conducta se basan en la idea de que es posible modificar los patrones conductuales y cognitivos de una persona mediante la aplicación de diferentes técnicas basadas en el aprendizaje. Si bien se tiene en cuenta el pasado a la hora de analizar como se ha llegado a la situación actual, el trabajo a realizar se centra en la problemática y síntomas actuales y en cómo cambiarlas.

La modificación de dichos patrones o la adquisición de otros permitirá que el sujeto pueda tener una conducta más adaptativa, luchando y enfrentando los síntomas de su problema de una forma más o menos directa y permitiendo el alivio del sufrimiento del sujeto y la optimización de sus habilidades y funcionalidad como ser humano.

¿Qué son las terapias de tercera generación?

Las terapias de tercera generación o la tercera ola de terapias de conducta son aquel conjunto de terapias y tratamientos creados con el propósito de realizar una modificación de la conducta del paciente pero desde un enfoque global y próximo a la persona más que al problema, teniendo en cuenta la vivencia del paciente de su problema y cómo el contexto social y cultural han producido que su conducta sea poco adaptativa.

A diferencia de otras técnicas de modificación de conducta las terapias de tercera generación se basan en el poder del contexto y del diálogo para conseguir dicha modificación a través de la aceptación del problema tanto por parte del paciente como del terapeuta.

Sus objetivos

El objetivo principal de este tipo de terapias pasa por cambiar el modo de percibir el problema por parte del individuo tratado, sin intentar un control extremo o extirpar sus conductas como si fueran algo de lo que avergonzarse sino ayudándole a observar y replantear la relación entre dichos comportamientos y la funcionalidad que se les ha dado, así como la propia vinculación con su funcionamiento habitual, modificandolas desde la aceptación. 

Es decir, se plantea la necesidad de ver el tratamiento no como una lucha contra unos síntomas, sino en una reorientación vital que permita generar cambios significativos, reales y permanentes.

Las terapias de tercera generación suplen algunas de las carencias de sus antecesoras, tales como la falta de focalización en los aspectos concretos del tratamiento que producen mejoría, la provocación de comportamientos rígidos que a su vez pueden ser poco adaptativos y la poca atención prestada al contexto comunicativo habitual del paciente, así como a la percepción del propio sufrimiento.

Algunos aspectos relevantes de estas terapias

Las terapias de tercera generación tienen una serie de características propias de gran interés en el tratamiento de problemas psicológicos.

En primer lugar, consideran que la conducta de un individuo no resulta plenamente explicable si no se tiene en cuenta su contexto. Si el tratamiento se reduce a tratar unos síntomas de forma directa sin tener en cuenta las variables que hacen de la conducta algo útil o necesario para el paciente, la generalización del tratamiento a la vida real será complicado para el individuo en tratamiento.

Otro aspecto a considerar es que las terapias de tercera generación tienen en cuenta la influencia moduladora del lenguaje, el hecho de que lo que nos digan otras personas y que feedback nos den respecto a nuestro conducta hará que veamos los comportamientos realizados de un modo u otro.

La relación terapéutica

Vinculado con el punto anterior resulta destacable el hecho de que las terapias de tercera generación otorgan un papel fundamental a la relación terapéutica

Si bien esto es común a todas o casi todos los tipos de terapia psicológica existente, en el caso de las terapias de tercera generación se ve dicha relación como un elemento o instrumento de cambio per se, al producirse una interacción comunicativa y social que puede modificar la conducta de forma directa o indirecta. Otros tipos de terapia, si bien consideran fundamental la relación terapéutica, la ven más como el medio por el que el paciente aplica las técnicas y no como algo que produzca por sí mismo una modificación.

Más allá de los síntomas

Por último, y como ya se ha podido entrever con anterioridad, el tratamiento a partir de terapias de tercera generación supone el trabajo con aspectos profundos de la persona, yendo más allá de la presencia de síntomas para actuar en la subjetividad y percepción personales de manera que se pueda actuar sobre aspectos como las metas vitales, la autopercepción o los sentimientos y emociones provocadas tanto por las situaciones problema como por otras circunstancias vitales que han podido desembocar en el trastorno.

Tres terapias de tercera generación

Si bien no son las únicas (existiendo también otras como la terapia cognitiva basada en el Mindfulness, la terapia de activación conductual o la terapia conductual integrada de pareja), a continuación se explican de forma breve tres ejemplos de terapias de tercera generación.

Terapia Analítico Funcional

Esta terapia se centra en el análisis funcional de los patrones conductuales, explorando no solo la conducta problema sino que finalidad tiene la conducta y que otros comportamientos son realizados con el mismo fin y haciendo especial hincapié en la relación terapéutica y la comunicación verbal, a la vez que se tiene en cuenta que la conducta está determinada por una gran cantidad de variables.

Se trata de ayudar al cliente a identificar conductas clínicamente relevantes, ayudar a analizar qué hay detrás, provocar dichas conductas y alternativas adaptativas, reforzar de manera genuina aquellas que implican una mejoría y ayudar a dar una explicación e interpretación a la conducta de manera que se pueda aplicar a otros contextos vitales.

Terapia de Aceptación y Compromiso

Esta técnica es una de las más conocidas dentro de las terapias de tercera generación, siendo su principal objetivo ayudar al paciente a autodescubrir los valores fundamentales del paciente y ayudarle a aceptar el dolor de la búsqueda de una vida feliz. Se centra principalmente en el trabajo sobre los valores sin evadir ni patologizar el sufrimiento.

A través de la autoaceptación, la observación de qué pensamos y qué creencias nos provocan dichos pensamientos y el centramiento en lo actual se busca guiar a que el paciente se involucre y comprometa a seguir sus propios valores independientemente de lo que la sociedad dicte, viviendo como uno cree que debe vivirse.

Terapia Conductual Dialéctica

Otra de las terapias más conocidas dentro de las de tercera generación, la terapia conductual dialéctica ha sido diseñada con el fin de ayudar a pacientes con graves problemas emocionales que les inducen a comportamientos autodestructivos, tales como automutilaciones o intentos de suicidio.

Actualmente una de las terapias de elección a la hora de tratar el Trastorno Límite de la Personalidad, se basa en la aceptación y validación del sufrimiento del paciente para trabajar de manera dialéctica y a través de diversos módulos el control y gestión de emociones extremas e inestables. Se ayuda al paciente a confiar en sus emociones y pensamientos y se le ayuda a encontrar factores que le empujen a querer seguir adelante y a mejorar sus habilidades referentes a la auto-regulación emocional, tolerancia al malestar, autoobservación y manejo de relaciones interpersonales.

Referencias bibliográficas:

  • Almendro, M.T. (2012). Psicoterapias. Manual CEDE de Preparación PIR, 06. CEDE: Madrid.
  • Hayes, S.C. (2004). Acceptance and commitment therapy, relational frame theory, and the third wave of behavioral and cognitive therapies. Behavior therapy, 35, 639 - 665.
  • Mañas, I. (s.f.). Nuevas terapias psicológicas: La tercera ola de terapias de conducta o terapias de tercera generación. Gaceta de psicología, 40; 26-34. Universidad de Almería.