Mucho se habla en nuestros días de la adicción a los teléfonos (nomofobia) y de cómo muchas personas se han acostumbrado a su uso de tal manera que son incapaces de vivir sin ellos. Los teléfonos móviles nos acompañan a todos lados, y con los avances tecnológicos y la aparición de los smartphones, son como tener un pequeño ordenador en nuestro bolsillo. A pesar de que estos aparatos sean adictivos son realmente útiles.

Sin embargo, hay individuos que no disfrutan de los beneficios de tener un dispositivo móvil y sufren lo que se conoce como telefonofobia, es decir, miedo irracional hacia los teléfonos ya sea móvil o fijo. En este artículo hablaremos de este trastorno fóbico y profundizaremos en sus causas, síntomas y consecuencias.

La importancia de los teléfonos en nuestras vidas

Los teléfonos nos permiten comunicarnos con personas que se encuentran lejos de nosotros. Son una herramienta indispensable para nuestra vida diaria y para muchos trabajos, por lo que se consideran uno de los inventos más importantes de la historia de la humanidad. Durante muchos años se pensó que el creador de este aparato fue Alexander Graham Bell, junto a Elisha Gray, pero en realidad, éste sólo lo patentó. El inventor del teléfono fue Antonio Meucci.

Desde entonces, el teléfono evolucionó y dio paso a los teléfonos móviles y más tarde a los smartphones (teléfonos móviles inteligentes), desde los cuales no solamente es posible hablar, sino también conectarse a internet, y por tanto, a las redes sociales, a diferentes “apps” y distintas páginas webs donde es posible realizar compras, hacer transacciones y muchas más funciones.

Está claro que podemos vivir sin teléfonos móviles, pero nadie duda de que son realmente útiles

Telefonofobia: ¿qué es?

No todo el mundo disfruta de las ventajas de los teléfonos móviles, pues algunos individuos sufren una condición llamada telefonofobia, que es el miedo irracional hacia los teléfonos. Estas patologías, según el DSM (Manual Estadístico Diagnóstico de los Trastornos Mentales), pertenecen a los trastornos de ansiedad.

La telefonofobia es una fobia específica, y por tanto un temor irracional a ciertos objetos o situaciones. Algunos estímulos fóbicos específicos son las arañas, las inyecciones o las serpientes.

Las fobias específicas se conocen como fobias simples; sin embargo, existen otros tipos de trastornos fóbicos que se consideran complejos: la fobia social y la agorafobia.

Fobias y su desarrollo por condicionamiento clásico

Las fobias son fenómenos frecuentes, y muchos pacientes acuden a terapia psicológica para tratarlas. El miedo es un sentimiento que todos experimentamos, y es relativamente frecuente sentir malestar y temor por algo. Ahora bien, en algunos casos, estos temores son realmente irracionales, por lo que es necesario buscar ayuda profesional.

Las fobias se desarrollan debido a un tipo de aprendizaje asociativo llamado condicionamiento clásico, que ocurre cuando una persona vive un evento traumático y asocia los estímulos fóbicos a este evento. El condicionamiento clásico fue investigado por primera vez por un fisiólogo ruso llamado Iván Pavlov, pero el primero en realizar experimentos con humanos fue John B. Watson.

Otras causas de las fobias

No obstante, las fobias no solamente pueden aprenderse por experiencia directa, sino también por observación, es lo que se conoce como condicionamiento vicario, un tipo de aprendizaje se parece al modelado y a la imitación, pero no es lo mismo. En nuestro artículo “Condicionamiento vicario: ¿cómo funciona este tipo de aprendizaje?” te lo explicamos al detalle.

Como ves, las fobias son aprendidas, aunque algunos teóricos piensen que existe un origen genético y que las fobias son hereditarias. Aunque esta opción cada vez se descartan más, los expertos piensan que estamos predispuestos biológicamente a temer a ciertos estímulos, pues el miedo es una emoción adaptativa que provoca la respuesta lucha-huida, que ha sido clave en la supervivencia de la especie humano. Esto explicaría por qué los miedos no responden bien a argumentos lógicos, pues se forman por asociaciones primitivas y no cognitivas.

Sintomatología fóbica

La sintomatología es común en todos los trastornos fóbicos, pues lo único que varía es el estímulo que lo causa. Al tratarse de un trastorno de ansiedad, éste es su principal síntoma, unido al miedo y al malestar, lo que provoca una respuesta de evitación, que tiene que ver con la respuesta de lucha-huida ante las situaciones de peligro. El malestar y la ansiedad son tan grandes que el fóbico desea salir de la situación lo antes posible para reducir los síntomas.

Estos síntomas se producen a tres niveles: cognitivo, conductual y físico. Los síntomas cognitivos incluyen el miedo y ansiedad frente a los teléfonos móviles, así como la angustia, confusión, falta de concentración, pensamientos irracionales, etc. La evitación de cualquier situación en la que la persona puede visualizar tener cerca un teléfono móvil es su principal síntoma conductual. Los síntomas físicos incluyen: aceleración del pulso, hiperventilación, dolor estomacal y náuseas, sensación de ahogo, boca seca, etc.

Tratamiento

Las fobias son trastornos que causan un gran malestar pero que son tratables y con cierto éxito. De hecho, las investigaciones afirman que existe un alto porcentaje de éxito cuando el paciente acude a terapia psicológica y es tratado con la terapia cognitivo conductual. Esta forma de terapia incluye diferentes técnicas, y son especialmente útiles para superar las fobias las técnicas de relajación y la exposición al estímulo fóbico, ya sea a través de la imaginación o en vivo.

De hecho, una técnica ampliamente utilizada y que engloba las anteriores es la desensibilización automática, una técnica desarrollada por Joseph Wolpe en 1958, y que tiene como objetivo exponer al paciente al estímulo fóbico de manera gradual y a la vez enseñarle habilidades de afrontamiento (en particular, las técnicas de relajación). 

No obstante, en la actualidad, también se emplean otras formas de terapia que han resultado ser muy útiles para los trastornos de ansiedad en general. Son la terapia cognitiva basada en Mindfulness (MCBT) y la terapia de aceptación y compromiso (ACT). Además de la terapia psicológica, en fobias extremas, también pueden emplearse fármacos, pero siempre en combinación con la psicoterapia.