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Sí, los psicólogos dedicados a la intervención en salud mental son uno de esos colectivos de profesionales que, junto a los fotógrafos, los músicos y muchos otros, son interpelados a menudo por esta idea: "¿trabajas gratis para mí, por favor?".

Por supuesto, esta clase de peticiones nunca son planteadas de forma tan directa; normalmente se expresan de forma implícita, haciendo que la conversación siga teniendo la apariencia de diálogo informal cuando en el fondo se propone un compromiso a nivel profesional.

Pero no, la tarea de los psicólogos del ámbito de la salud está definida, justamente, por ser un trabajo, algo por lo que por defecto hay que percibir una paga, ya sea de los pacientes o de entidades públicas. Si esta idea tan básica no es respetada por muchas personas es, en parte, debido a dos mitos sobre la psicología que veremos a continuación.

La necesidad personal de "hacer feliz a la gente"

Uno de los mitos que más alimentan la creencia de que es esperable que los psicólogos den terapia gratis es la idea de que, por el hecho de haber elegido esa carrera profesional, antes que trabajadores son almas puras que son felices simplemente haciendo felices a los demás. Es decir, haciendo favores.

Por supuesto, esta visión de lo que significa "hacer felices a los demás" es totalmente interesada y cortoplacista. ¿A cuántas personas podría beneficiar una psicóloga que tenga que pasar gran parte de la semana ejerciendo gratis? ¿Durante cuánto tiempo?

La misma visión idealista que lleva a decir, por ejemplo, que la cultura es gratis para defender que los artistas puedan ver cómo su obra se distribuye sin cobrar nada hace que mucha gente vea a los psicólogos como personas que se pueden permitir convertirse ellos mismos en una ONG (aunque sin las ventajas que tienen las ONGs).

Por supuesto que a los psicólogos nos gusta ayudar a los demás, y en muchos casos ese sentimiento es el que hace que muchos se decidan por empezar la carrera de psicología. Pero eso no significa que por defecto y hasta que no se diga lo contrario los intereses de los demás deben pasar por delante de los del profesional.

Cualquiera puede dar consejos

Otro mito que lleva a muchas personas a esperar sesiones de psicoterapia gratis es que, lo que se hace en ellas es, básicamente, dar consejos. Algo que se puede hacer en la barra de un bar, algo que es fácil e intuitivo. Algo que, incluso, puede pasar como rato de ocio para las dos partes.

¿Por qué no ofrecemos terapia psicológica gratis?

¿Por qué pretender cobrar por algo que puede hacer todo el mundo y que encima resulta un entretenimiento ligero? Además, el hecho de dar consejos y ver como la otra persona respeta nuestro punto de vista debe de ser muy bueno para la autoestima, ¿no? Los psicólogos tienen mucha suerte.

En realidad, no hay nada en este razonamiento que no esté mal. Lo que hacen los psicólogos de la salud dista mucho de dar consejos, y tampoco es charla ligera o una "curación hablada" tan rápida como calentar arroz en el microondas. Y, por supuesto, la razón de ser de la psicoterapia no es intercambiar consejos a cambio de una buena ración de ego.

Lo que sí es la intervención psicológica

Lo que hacen los psicólogos dedicados a intervenir sobre problemas de personas individuales es, entre otras cosas, programar unos horarios con los que se comprometen a no estar haciendo otras cosas cuando toque atender a un cliente.

Es, también, escuchar activamente y concentrar sus esfuerzos durante mucho rato en comprender el problema y las necesidades de la persona atendida. Hay que saber dónde terminan las características específicas de la vida de una persona y dónde empiezan las generalidades que permiten comparar ese caso con otros y establecer un diagnóstico de la situación.

También se contrasta la información obtenida en la consulta con otra clase de informaciones de ámbito más teórico, fruto del trabajo de muchos psicólogos que se dedican a investigar.

La psicoterapia también consiste en tomar decisiones que comprometen a ambas partes, ya que estimar si un cuadro de síntomas encaja o no en una categoría teórica de diagnóstico conlleva el riesgo de equivocarse, y las acciones que se vayan a llevar a cabo deban de ser coherentes con esta decisión.

Los psicólogos crean programas de intervención que consisten en mucho más que hablar: pueden dirigir sesiones de exposición a fobias, biofeedback e incluso evaluar las capacidades cognitivas in situ o a través de pruebas que requieren ser utilizadas de un modo muy preciso, entre otras cosas.

Y, por supuesto, no olvidemos la formación. Para que los psicólogos puedan prestar sus servicios deben invertir esfuerzo, tiempo y dinero no solo en una carrera universitaria, sino también en maestrías, seminarios especializados e incluso lecturas de artículos científicos, ya que la ciencia del comportamiento y de los procesos mentales está evolucionando constantemente. El estancamiento intelectual no es una opción.

Reivindicar el valor del propio trabajo

Todas estas actividades que realzan los psicólogos resultarían imposibles si no exigieran un pago justo por su trabajo. No cobrar puntualmente es una opción válida, pero no lo que define la profesión.

El error es, quizás, creer que el trabajo de los psicólogos, de los diseñadores o de los informáticos es tan insignificante que puede pasar como algo que se podría hacer sin cobrar pero que normalmente se remunera para darle apariencia de profesionalidad. Una creencia que, casualmente, siempre beneficia a la parte que pide el favor, como si lo raro fuese recibir un pago a cambio del trabajo.