Este programa es una de las iniciativas de reinserción social más conocidas.

Pocos actos criminales como las agresiones sexuales perpetradas a mujeres y niños generan tanta aversión en nuestra sociedad. La gente suele reaccionar con incomprensión, horror y shock cuando se habla de agresión sexual, pues el agresor está cruzando una barrera ética, social y legal inquebrantable para muchísimas personas.

En las últimas décadas, este tipo de conductas delictivas están despertando un elevado interés en la comunidad científica y en la sociedad en general. El objetivo es buscar maneras de que esta clase de actos prácticamente desaparezcan, y por eso han aparecido iniciativas como el programa de control de la agresión sexual (SAC). Veamos cómo es y qué efectos puede tener su aplicación.

Programa de control de la agresión sexual (SAC)

Muchos de los agresores sexuales cometen estos actos con el fin de sentirse bien, tener poder y control… Conseguir el placer de esta manera puede ser, en parte, una vía de escape de otras vivencias dolorosas o no placenteras como la vergüenza, el miedo, la ira, etcétera. Perciben que no existe otra forma disponible para obtener esa gratificación, no empatizan con la víctima, y muestran insuficiencia de control para inhibir y dirigir sus actos.

¿Qué respuesta podemos dar desde la Psicología ante estos actos delictivos? ¿Existe algún tratamiento para esta clase de personas? ¿Se pueden reinsertar en la sociedad? ¿Qué garantías existen de que no volverán a reincidir? En este artículo vamos a hablar de un tratamiento para agresores sexuales de corte cognitivo-conductual que ha dado buenos resultados en España, aunque no podemos afirmar que sea la panacea.

El programa de control de la agresión sexual (SAC) tiene su sustento teórico en el modelo explicativo de la delincuencia sexual ideado por Marshall y Barbaree (1989), haciendo especial referencia a la confrontación de los patrones cognitivos pro-delictivos, en el modelo de estilo de vida criminal de Walters (1989), y en la estructura de prevención de la recaída de Pithers (1987).

El programa SAC fue diseñado por Garrido y Beneyto (1996) tomando de referencia trabajos previos de otros autores especializados en el área. Se dirige a los agresores sexuales, y se estructura en 3 manuales: manual para el terapeuta, manual para el interno y sistema de evaluación. La primera aplicación de este programa se llevó a cabo paralelamente en dos centros penitenciarios de la provincia de Barcelona: Quatre Camins y Brians.

Requisitos de inclusión y motivos de exclusión

Para acceder al programa se da prioridad a aquellos internos penados que ya hayan cumplido las ¾ partes de la condena, o les queden menos de 4 años para su cumplimiento. Además, los psicólogos de prisiones valoran muy positivamente la forma de la voluntariedad y la aceptación de la responsabilidad criminal como aspectos favorecedores del cambio.

Pero no todos los reclusos que cumplan los anteriores requisitos pueden seguir con el programa: aquellos que respondan con pérdida de voluntariedad para el seguimiento del mismo, los que muestren conductas que entorpezcan el avance del programa, así como la persistencia de una estructura de personalidad de riesgo de reincidencia delictiva, quedarán excluidos.

¿Cuáles son los objetivos del programa SAC?

Este programa está ideado para mejorar las posibilidades de reinserción y de no reincidencia del interno que ha cometido algún delito de agresión sexual, mejorando la eficacia de sus aptitudes psicosociales.

Se trata de una intervención terapéutica semiestructurada que combina técnicas cognitivo-conductuales. Son actividades que requieren la introspección, la confrontación con uno mismo y con los demás, el aprendizaje estructurado de habilidades de enfrentamiento y el desarrollo de autocontrol.

Este programa se aplica de forma habitual en la modalidad grupal, en una o dos sesiones terapéuticas semanales, de dos horas de duración, durante unos 9-11 meses.

Como veremos a continuación, el programa SAC se estructura en varias fases de intervención, divididas en 2 grandes bloques: la toma de conciencia y la toma de control. Antes de empezar se realiza un entrenamiento en relajación muscular para controlar de forma proactiva sus estados de tensión.

Toma de conciencia

Se trabajan diversos elementos cognitivos y emocionales con el objetivo de que la persona adquiera mayor conciencia sobre sus actividades delictivas y los factores de riesgo que las precipitan (p. ej., distorsiones cognitivas) relacionadas con ellas. Para desarrollar este bloque se usan 5 módulos:

  • Análisis de la historia personal: el sujeto realiza un repaso de su propia vida.
  • Introducción a distorsiones cognitivas: se le confrontan terapéuticamente sus errores de pensamiento e interpretación distorsionada de su conducta delictiva (p. ej., “ella me estaba provocando, me lo estaba pidiendo, aunque me dijera que no”).
  • Conciencia emocional: la idea es mejorar su conocimiento y capacidad de introspección. Reconocer sus emociones y las de otras personas.
  • Comportamientos violentos: se analizan las conductas de agresión y daño a las víctimas.
  • Mecanismos de defensa: se trata de reducir la justificación del delito mediante la confrontación. En el manual del programa se ejemplifican hasta 107 excusas típicas usadas por agresores sexuales, como por ejemplo: “no fue para tanto”, “no soy perfecto”, “tuve una mala noche”, “no le hice tanto daño como dijo”, “lo estaba pidiendo a gritos con su forma de vestir”.

Toma de control

Se pretende que el sujeto domine su propia conducta para poder inhibir sus actividades delictivas. Este bloque está compuesto por 7 módulos (2 de ellos son de prevención de recaídas):

  • Distorsiones cognitivas: se le informa al sujeto del funcionamiento de las distorsiones, se le ayuda a identificar su diálogo interno, se clasifican los pensamientos irracionales y desviados, se desafían dichos pensamientos y se busca reemplazarlos por interpretaciones racionales. En agresores de mujeres adultas son típicas las creencias negativas hacia ellas, mientras que los abusadores de niños racionalizan su conducta o acusan a sus víctimas de provocadoras.
  • Estilo de vida positivo: se les enseña a programar su vida cotidiana.
  • Educación sexual: información acerca del funcionamiento de la sexualidad humana, desde la vertiente científica hasta la ética. Se hace especial hincapié en el consentimiento, en el sexo como una actividad de comunicación y respeto recíproco de los deseos de las personas.
  • Modificación del impulso sexual: se busca reducir el impulso sexual ante estímulos inapropiados que implican el uso de violencia o abuso a menores (recondicionamiento autoestimulatorio o sensibilización encubierta).
  • Prevención de recaída.

¿Funcionan este tipo de programas?

Desafortunadamente, los delincuentes sexuales, junto con la población de delincuentes adictos a las drogas, son los sujetos más difíciles de reinsertar y tienden a reincidir. Los índices de éxito en el tratamiento no son lo positivos que todos desearíamos. Sin embargo, los tratamientos psicológicos más utilizados y efectivos con los delincuentes sexuales son los de orientación cognitivo-conductual (Brandes y Cheung, 2009; Marshall y Marshall, 20I4; Zata y Farringtoo, 2016), como lo es el SAC.

El programa de control de la agresión sexual ha obtenido buenos resultados, aunque debemos ser cautos. En un estudio llevado a cabo por Redondo, Navarro, Martínez, Luque y Andrés (2005) mostraron que tras un seguimiento de 4 años de reclusos que habían pasado por el programa SAC solamente reincidieron por delitos de agresión sexual un 4% (en el grupo control, no tratado, reincidieron un 11%).

Además, los profesionales deben tener en cuenta que existen una serie de factores que correlacionan con el mejor pronóstico del tratamiento (p. ej., empatía hacia la víctima, creación de apoyo social, no presentar enfermedades mentales, deseos genuinos y verdaderos de cambiar), y se deberán valorar de forma individualizada para potenciarlos.