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De acuerdo con las definiciones más recientemente aceptadas por la American Psychiatric Association (1994), la anorexia nerviosa (AN) y la bulimia nerviosa (BN) se definen como trastornos emocionales de elevada gravedad e interferencia en muchas de las áreas vitales del individuo que la padece.

Los datos apuntan a que la confluencia de factores biológicos, psicológicos y sociales interactúan con la personalidad del individuo, propiciando el desarrollo de este tipo de patologías alimenticias.

Entre el primer conjunto de factores, pueden ser determinantes el tipo de temperamento del individuo así como su nivel de estabilidad emocional; en cuanto a los componentes socio-culturales, cabe destacar la idealización de la sociedad por mantener un cuerpo delgado asociándolo al éxito y la superioridad frente a los demás; en lo relativo a los factores psicológicos este tipo de pacientes presenta fenómenos como la baja autoestima, los sentimientos de ineficacia en la resolución de problemas y afrontamiento o el alto deseo de perfeccionismo que dificultan enormemente su funcionamiento diario.

Los síntomas en los trastornos alimenticios

Por otro lado, suele ser frecuente la presencia de sintomatología ansiosa y depresiva, caracterizada por la tristeza continúa y el pensamiento de tipo dicotómico (de “todo o nada”).

Una gran proporción de personas con anorexia presentan rasgos de obsesión y compulsión en aquello en lo referente al mantenimiento de una rigidez y regulación estricta en el control de la alimentación, práctica de ejercicio físico extremo, imagen y peso corporal. Finalmente, resulta característica también la dificultad en expresarse emocionalmente exteriormente a pesar de ser muy inteligentes, por lo que tienden a aislarse de los círculos de relaciones cercanos.

Anorexia

En el caso de la anorexia nerviosa, esta se caracteriza por un predominio de rechazo del peso corporal, acompañado usualmente de una distorsión de la imagen corporal y de un miedo desmesurado a engordarse. En la anorexia nerviosa se distinguen dos subtipos, en función de si se dan o no conductas de atracones o de compensación (AN-Purgativa vs. AN-Restrictiva, respectivamente).

Bulimia

La segunda nosología, la bulimia nerviosa, se caracteriza por el mantenimiento de episodios cíclicos de atracones y conductas compensatorias de aquellos por medio del vómito, el uso o abuso de laxantes, el ejercicio físico excesivo o la restricción en ingestas posteriores. En este caso también se diferencian las categorías BN-Purgativa, si el individuo utiliza el vómito como conducta compensatoria y BN-No Purgativo, si recurre al ayuno o a la actividad física desmesurada.

Muchas de las personas que presentan un Trastorno de la Conducta Alimentaria no cumplen todos los criterios que permiten efectuar uno de los dos diagnósticos anteriores, por lo cual, se distingue una tercera categoría llamada Trastorno de la Conducta Alimentaria no Especificado donde se pueden incluir todos estos sujetos de difícil clasificación.

Caracterización de la bulimia nerviosa y la anorexia nerviosa

La anorexia nerviosa usualmente se deriva de historias familiares de alteraciones alimenticias, sobre todo de obesidad. Resulta más fácilmente detectable que la bulimia nerviosa, debido a la elevada pérdida de peso y las numerosas complicaciones médicas que acompañan el cuadro, de tipo metabólico, cardiovascular, renal, dermatológico, etc. En casos extremos de desnutrición, la anorexia nerviosa puede traer a la muerte, encontrándose el porcentaje de mortalidad entre el 8 y el 18%.

A diferencia de la anorexia, la bulimia se consulta con una frecuencia mucho menor. En este caso la pérdida de peso no es tan evidente puesto que los ciclos atracón-compensación hacen que este se mantenga, más o menos, en valores similares.

Las personas bulímicas se caracterizan por manifestar una preocupación exageradamente intensa por su imagen corporal, aunque lo manifiestan de distinta manera que en la anorexia: en este caso la ingesta deviene el método para cubrir sus necesidades emocionales no satisfechas por las vías adecuadas.

Análogamente a la anorexia se observan alteraciones también a nivel psicológico y social. Normalmente estas personas muestran un aislamiento marcado, por lo cual las interacciones familiares y sociales suelen ser pobres e insatisfactorias. La autoestima suele ser deficitaria. También se ha observado comorbilidad entre bulimia, ansiedad y depresión; esta última suele presentarse derivada de la primera.

En cuanto al nivel de la ansiedad, usualmente se muestra un paralelismo entre este y la frecuencia de atracones que lleva a cabo el sujeto. Posteriormente los sentimientos de culpabilidad y la impulsividad motivan la conducta de compensación del atracón. Es por este motivo que también se ha indicado una cierta relación de la bulimia con otros trastornos impulsivos como el abuso de sustancias, el juego patológico, o trastornos de personalidad donde predomina la impulsividad comportamental.

Los pensamientos que caracterizan a la bulimia suelen definirse también como dicotómicos e irracionales. Dedican mucho tiempo al día a las cogniciones referentes a no engordar y a alimentar las distorsiones de la figura corporal.

Finalmente, las patologías médicas también resultan habituales, debido al mantenimiento en el tiempo de los ciclos atracón-compensación. Las alteraciones se observan a nivel metabólico, renal, pancreático, dental, endocrino o dermatológico, entre otros.

Causas de los desórdenes alimenticios

Tres son los factores que se han demostrado de forma mayoritariamente consensuada por los autores expertos en este ámbito de conocimiento: los predisponentes, los precipitantes y los perpetuantes. Así parece haber acuerdo en otorgar a la causalidad de los TCA un cariz multicausal donde se conjugan elementos tanto fisiológicos como evolutivos, psicológicos y culturales como intervinientes en la aparición de la patología.

Entre los aspectos predisponentes se hace referencia a factores individuales (sobrepeso, perfeccionismonivel de autoestima, etc.), genéticos (mayor prevalencia en el sujeto cuyos familiares presentan dicha psicopatología) y socioculturales (ideales de moda, hábitos alimentarios, prejuicios derivados de la imagen corporal, sobreprotección parental, etc.).

Como factores precipitantes se encuentran la edad del sujeto (mayor vulnerabilidad en la adolescencia y juventud temprana), valoración inadecuada del cuerpo, práctica de ejercicio físico desmesurado, ambiente estresante, problemas interpersonales, presencia de otras psicopatologías, etc.

Los factores perpetuantes difieren en cuanto a sendas psicopatologías. Si bien es cierto que las creencias negativas de la imagen corporal, la presión social y la vivencia de experiencias estresante son comunes, en el caso de la anorexia los factores más importantes se relacionan con complicaciones derivadas de la desnutrición, el aislamiento social y el desarrollo de miedos e ideas obsesivas respecto de la alimentación o de la figura corporal.

En el caso de la bulimia los elementos centrales que mantienen el problema se vinculan al ciclo atracón-compensación, el nivel de ansiedad experimentada y la presencia de otras conductas desadaptativas como el abuso de sustancias o las autolesiones.

Principales manifestaciones conductuales, emocionales y cognitivas

Tal y como se ha comentado en líneas anteriores, los Trastornos de la Conducta Alimenticia derivan en una larga lista de manifestaciones tanto físicas (a nivel endocrino, nutricional, gastrointestinal, cardiovascular, renal, óseas e inmunológicas) como psicológicas, emocionales y conductuales.

A modo de resumen, sobre este segundo conjunto de síntomas, pueden darse:

A nivel conductual

  • Dietas restrictivas o atracones.
  • Compensación de la ingesta mediante vómitos, laxantes y diuréticos.
  • Alteraciones en el modo de ingesta y rechazo a algunos alimentos concretos
  • Comportamientos obsesivo-compulsivos.
  • Autolesiones y otras muestras de impulsividad.
  • Aislamiento social.

A nivel psicológico

  • Temor terrible a engordar.
  • Pensamientos erróneos respecto de la alimentación, el peso y la imagen corporal.
  • Alteración en la percepción de la imagen corporal.
  • Empobrecimiento de la capacidad creativa.
  • Confusión en la sensación de saciedad.
  • Dificultades en la capacidad de concentración.
  • Distorsiones cognitivas: pensamiento polarizado y dicotómico, abstracciones selectivas, atribución del pensamiento, personalización, sobregeneralización, catastrofismo y pensamiento mágico.

A nivel emocional

  • Labilidad emocional.
  • Sintomatología depresiva e ideación suicida.
  • Sintomatología ansiosa, desarrollo de fobias específicas o fobia generalizada.

Intervención en TCA: objetivos de la primera atención personalizada

En una aproximación genérica en la intervención en TCA los siguientes puntos orientativos pueden resultar una guía útil para ofrecer una primera atención individualizada en función del caso que se presenta:

1. Una aproximación al problema. En este primer contacto se completa un cuestionario para adquirir el mayor volumen de información respecto de la historia y curso del trastorno.

2. Concienciación. Permitir al paciente realizar un adecuado insight sobre los comportamientos desviados relativos al trastorno para que pueda tomar conciencia del riesgo vital derivados de estos.

3. Motivación hacia el tratamiento. La concienciación sobre la importancia de recurrir a un profesional de la psicología y la psiquiatría clínica especializado es un paso fundamental para garantizar mayor probabilidad de éxito terapéutico, así como una detección precoz de la sintomatología incipiente puede ser un gran predictor de evolución positiva de la enfermedad.

4. Información sobre recursos de intervención. Ofrecer direcciones de interés pude resultar útil para aumentar la percepción de apoyo social recibido, como asociaciones de pacientes de TCA asistencia a grupos de terapia grupales.

5. Recomendación bibliográfica. Se puede indicar la lectura de determinados manuales de autoayuda, tanto para los propios pacientes como para los familiares más cercanos de este.

A modo de conclusión

Dado el carácter tan complejo de este tipo de psicopatología y de los potentes factores mantenedores que dificultan sobremanera una evolución favorable de dichos trastornos, parece fundamental una detección precoz de las primeras manifestaciones así como de garantizar una intervención multicomponente y multidisciplinar que abarque tanto todos los componentes alterados (físicos, cognitivos, emocionales y conductuales) como el conjunto extenso de áreas vitales afectadas.

Referencias bibliográficas:

  • Cervera, Montserrat. “Riesgo y prevención de la anorexia y bulimia”. Martínez Roca. Barcelona, 1996.
  • Fernández, A. y Turon Gil. “Trastornos de la alimentación”. Masson. 2002.
  • Raich, Rosa María. “ Anorexia y bulimia: Trastornos alimentarios”. Pirámide. Madrid, 2001.