Ver a uno de estos animales rondando cerca puede hacer que algunas personas entren en pánico. Pexels

El universo de las fobias específicas es casi inacabable. Digamos que podríamos describir tantas fobias específicas como personas hay en el mundo, fruto de la variabilidad individual, por eso en los manuales nosológicos únicamente aparecen las más frecuentes.

Por ejemplo, podemos encontrar a gente que tiene miedo a los humanos (antropofobia), a las barbas (pogonofobia), a las escaleras (batmofobia), a las flores (antrofobia), al polvo y a la suciedad (amatofobia) y muchas más, siendo estas fobias poco comunes.

En este artículo vamos a hablar de un tipo de fobia específica relativamente común, que se puede categorizar dentro de las fobias animales: la musofobia.

¿Qué es la musofobia?

El DSM-IV-TR y el DSM-5 distinguen distintos tipos de fobias específicas (APA, 2000, 2013):

  • Animal: el miedo es causado por uno o más tipos de animales. Los animales más temidos suelen ser las serpientes, arañas, insectos, gatos, ratas, ratones y pájaros (Antony y Barlow, 1997).
  • Ambiente natural: tormentas, viento, agua, oscuridad.
  • Sangre/inyecciones/daño corporal (SID).
  • Situacional: ir en transporte público, túneles, puentes, ascensores, volar en avión…
  • Otro tipo: situaciones que pueden llevar al atragantamiento o vómito, miedo a personas disfrazadas...

Así, la musofobia consistiría en el miedo o ansiedad intensa y persistente que es desencadenada por la presencia de ratones o roedores en general y/o la anticipación de los mismos. Según el DSM-5, la ansiedad debe ser desproporcionada para el peligro o la amenaza que implica la situación y para el contexto sociocultural. Además, la fobia debe durar al menos 6 meses.

Síntomas de esta fobia

Las personas con musofobia temen especialmente a los movimientos de los ratones, sobre todo si son repentinos; también pueden temer su apariencia física, los sonidos que emiten y sus propiedades táctiles.

Uno de los elementos psicológicos definitorios de la musofobia en las personas que la padecen es que aparece tanto una reacción desproporcionada de miedo (al centrarse en el peligro percibido) y una sensación de asco o repugnancia.

Aunque los estudios aportan datos discordantes, la reacción de miedo parece que predomina ante la reacción de asco. Además, ambas reacciones se reducen con la Exposición en Vivo, como veremos en la sección de Tratamiento.

Para protegerse de encuentros inesperados, las personas con musofobia pueden emplear diversas conductas defensivas: comprobar excesivamente los sitios para asegurarse de que no hay ratones cerca o pedir a otras personas que lo hagan, llevar ropa sobreprotectora al pasear por el campo, ir acompañado de una persona de confianza y alejarse de un ratón que se divisa.

Edad de comienzo y prevalencia

En estudios epidemiológicos con adultos, la edad media de inicio es de 8-9 años para la fobia a los animales. No se tienen constancia de datos epidemiológicos en relación a la musofobia.

Considerando los diversos tipos de FE, los datos de prevalencia-vida obtenidos en el National Epidemiologic Survey on Alcohol and Related Conditions (Stinson et al., 2007) fueron: ambiente natural (5,9%), situacional (5,2%), animal (4,7%) y SID (4,0%).

Causas (génesis y mantenimiento)

¿Cómo una persona llega a desarrollar musofobia? ¿Por qué algunos niños desarrollan este miedo? Estas preguntas pueden ser respondidas siguiendo a Barlow (2002), quien diferencia tres tipos de factores determinantes de cara a desarrollar una fobia específica como la musofobia:

1. Vulnerabilidad biológica

Consiste en una hipersensibilidad neurobiológica al estrés genéticamente determinada e incluye rasgos temperamentales que tienen un fuerte componente genético. Entre los principales se encuentran el neuroticismo, la introversión, la afectividad negativa (tendencia estable y heredable a experimentar una amplia gama de sentimientos negativos) y la inhibición conductual ante lo desconocido.

2. Vulnerabilidad psicológica generalizada

Es la percepción, basada en experiencias tempranas, de que situaciones estresantes y/o las reacciones a las mismas son impredecibles y/o incontrolables. Dentro de las experiencias tempranas se encuentran el estilo educativo sobreprotector (hipercontrolador), el rechazo por parte de los padres, vínculos inseguros de apego, ocurrencia de eventos traumáticos en coexistencia con estrategias poco eficaces para afrontar el estrés.

3. Vulnerabilidad psicológica específica

Se basa en las experiencias de aprendizaje de la persona. La ansiedad fruto de la vulnerabilidad biológica y psicológica generalizada se focaliza en determinadas situaciones o eventos (p. ej., los ratones), los cuales pasan a ser considerados como una amenaza o incluso peligrosos. Por ejemplo, una experiencia negativa directa con un ratón en la infancia puede generar una experiencia de aprendizaje de que el animal es amenazante y peligroso.

Tratamiento psicológico de la musofobia

Aunque se había afirmado que los miedos fóbicos pueden remitir sin tratamiento en la infancia y la adolescencia, la tendencia general no parece ser esta.

El tratamiento más eficaz y conocido es el cognitivo-conductual con exposición en vivo (EV). Antes de comenzar la EV, es conveniente dar información sobre los ratones y corregir posibles creencias erróneas sobre los mismos.

También se debe realizar una jerarquía de exposición, teniendo en cuenta los niveles subjetivos de ansiedad de la persona. Algunas ideas para trabajar las situaciones temidas y/o evitadas son: hablar sobre el animal, ver fotos o vídeos de ratones, ir a tiendas de animales donde haya ratones, tocar y acariciar los ratones y alimentarlos… Otra opción es emplear la exposición a través de la realidad virtual.

El modelado participante para tratar la musofobia

La EV puede emplearse sola o combinarla con el modelado, con lo que se tiene el procedimiento conocido como modelado participante; esta combinación ha sido realmente útil para tratar fobias de tipo animal.

En cada paso de la jerarquía el terapeuta u otro/s modelo/s ejemplifican repetida o prolongadamente la actividad pertinente, explican, si es necesario, cómo realizar la actividad y dan información sobre los objetos o situaciones temidas (en nuestro caso, sobre los ratones).

Después de modelar una tarea, el terapeuta pide al cliente que la ejecute y le proporciona reforzamiento social por sus progresos y retroalimentación correctiva.

Si la persona tiene dificultades o no se atreve a realizar la tarea, se le proporcionan diversas ayudas. Por ejemplo, en el caso de la musofobia podrían citarse: actuación conjunta con el terapeuta, limitación de los movimientos del ratón, medios de protección (guantes), reducción del tiempo requerido en la tarea, aumento de la distancia al objeto temido, volver a modelar la actividad amenazadora, empleo de modelos múltiples, compañía de seres queridos o animales domésticos.

Estas ayudas se retiran hasta que el cliente es capaz de realizar la tarea con relativa tranquilidad y por sí solo (práctica autodirigida); por tanto el terapeuta no debe estar presente. La práctica autodirigida debe realizarse en una diversidad de contextos para favorecer la generalización.