Uno de los miedos extremos más frecuentes, que no solo está presente en niños, es la fobia a las inyecciones o tripanofobia. Seguro que todos conocemos a alguien siente este gran miedo a vacunarse o realizarse una simple prueba de sangre.

Los tripanofóbicos lo pasan realmente mal cuando han de ponerse una inyección y acudir al centro de salud. Y, en muchos casos, pueden incluso evitar estas situaciones sin importarles poner en riesgo su vida (por no vacunarse contra enfermedades como el tétanos) o reducir el dolor o la inflamación con corticoides.

Qué es la fobia a las inyecciones

Una fobia es un miedo intenso, irracional y persistente hacia algunas situaciones, objetos, actividades o personas. El principal síntoma de este trastorno es el deseo excesivo de evitar el estímulo que provoca una gran ansiedad, y en el caso de la tripanofobia, este estímulo fóbico son las las jeringuillas y la posibilidad de recibir inyecciones. Esta fobia es una de las más comunes, calculándose que cerca del 10% de la población la padece en algún grado.

En ocasiones, la tripanofobia puede confundirse con el miedo a la sangre (hematofobia) o el miedo a los objetos punzantes (aicmofobia); sin embargo, el miedo a las inyecciones puede ser únicamente un gran temor hacia estos objetos, y las personas con tripanofobia no necesariamente experimentan miedo a la sangre u a otros objetos punzantes.

Existen diferentes tipos de fobias, que suelen englobarse en tres grupos. La tripanofobia se incluiría dentro de las fobias específicas que son generalmente temores a ciertos objetos o situaciones. Algunos estímulos fóbicos específicos son las arañas, serpientes, ascensores o volar.

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Otros tipos de fobias

Además de este grupo de fobias, que se conocen también como fobias simples, existen dos más que son las fobias sociales, que involucran a otras personas o situaciones sociales tales como ansiedad por el desempeño, el miedo a la vergüenza o la humillación o la valoración de otros; y la agorafobia es un miedo de experimentar un ataque de pánico en un lugar o situación en el que la persona se siente desprotegido. Estas dos últimas fobias suelen considerarse fobias complejas.

Causas de la tripanofobia

El temor a las inyecciones suele desarrollarse durante la infancia y en muchos casos suele perdurar en la edad adulta. Su causa a menudo es una experiencia traumática en la infancia o adolescencia, y aunque en realidad no producen mucho dolor las inyecciones, estas personas lo interpretan como una seria amenaza para su integridad física. No es que crean que vayan a morir por la inyección, sino que el dolor será tan fuerte que no lo podrán ni soportar.

El aprendizaje de este miedo suele ocurrir por lo que se conoce como condicionamiento clásico, un tipo de aprendizaje asociativo que investigó inicialmente Iván Pávlov, un fisiólogo ruso, pero que hizo famoso el conductista John B. Watson, pues creía que los seres humanos podían aprender emociones fuertes por condicionamiento y luego generalizarlas a situaciones similares.

Para ello ideó una serie de experimentos con niños, y en uno de ellos logró que un niño pequeño, de nombre Albert, aprendiera a tener miedo de una rata blanca que al principio adoraba. Este experimento no podría llevarse a cabo en la actualidad porque se considera poco ético. Puedes verlo en el video a continuación:

Otras causas de esta fobia

Esta fobia muchas veces puede desarrollarse por condicionamiento vicario, es decir, por observación. Por ejemplo, en el caso de que un niño vea a un un adulto que entra en pánico a la hora de ponerse una inyección, o por ver una película en la que aparecen inyecciones o jeringuillas.

Algunos teóricos también piensan que las causas pueden ser genéticas; y otros que estamos predispuestos a padecer ciertas fobias. De hecho, esta última teoría afirma que es fácil asociar ciertos estímulos al miedo, porque ésta es una emoción adaptativa que ha ayudado a la especie humana a sobrevivir. En este sentido, los trastornos fóbicos se forman por asociaciones primitivas y no cognitivas, que no son fácilmente modificables por argumentos lógicos.

Síntomas del miedo a las inyecciones

El miedo a las inyecciones presenta la misma sintomatología que cualquier fobia, donde existe un predominio de la ansiedad y el malestar y un intento exagerado por evitar las situaciones en las que puede aparecer el estímulo fóbico.

Los síntomas de la tripanofobia son:

  • Síntomas cognitivos: miedo y ansiedad frente a las jeringuillas y la posibilidad de recibir una inyección, angustia, confusión, falta de concentración, pensamientos irracionales…
  • Síntomas conductuales: evitación de cualquier situación en la que la persona puede recibir una inyección.
  • Síntomas físicos: aceleración del pulso, hiperventilación, dolor estomacal y náuseas, sensación de ahogo, boca seca, etc.

Tratamiento

El tratamiento de las fobias es similar en la mayoría de casos, y la terapia psicológica, según las investigaciones, tiene un alto grado de efectividad. Existen diferentes corrientes que pueden ser útiles para tratar la tripanofobia; sin embargo, la terapia cognitivo conductual parece ser la que aporta mejores resultados. Este tipo de terapia pretende modificar los eventos internos (pensamientos, emociones, creencias, etc.) y comportamientos que se consideran que son los causantes del malestar. 

Por ello se emplean diferentes técnicas, entre las que destacan las técnicas de relajación (especialmente indicadas para momentos puntuales en los que la persona experimenta una gran ansiedad) y la desensibilización sistemática, que es un tipo de técnica de exposición en la que, como su nombre indica, se expone al paciente al estímulo fóbico de manera gradual. Éste, además, aprende diferentes estrategias de afrontamiento que le permiten ver con sus propios ojos que sus temores y miedos son irracionales.

Para tratar esta fobia también es posible emplear la terapia cognitiva basada en Mindfulness o la terapia de aceptación y compromiso, que pertenecen ambas a las terapias de tercera generación, y no pretenden modificar las conductas sino aceptar la experiencia, lo que reduce automáticamente la sintomatología porque no se opone resistencia a los hechos. Esto es lo que concluyen los últimos estudios científicos, que parecen indicar que esta metodología es especialmente útil para tratar trastornos de ansiedad, pues si pretendemos modificar nuestros eventos internos o comportamientos se produce un efecto rebote y los síntomas ansiosos aumentan.

En casos puntuales y extremos pueden administrarse ansiolíticos; no obstante, siempre junto a la psicoterapia.