Escuchar una risa, oír la voz de un niño o el ladrido alegre de un perro o ir a un concierto de nuestro grupo favorito son aspectos que la mayor parte de nosotros consideramos placenteros.

Se trata de sonidos más o menos habituales de nuestro día a día que nos acompañan y forman parte de nuestras vidas. Sin embargo, para las personas con hiperacusia lo que a la mayoría le parece normal e incluso agradable supone una auténtica tortura.

Y es que estas personas padecen un elevado nivel de molestia ante la estimulación auditiva. ¿Qué es la hiperacusia? En este artículo procedemos a analizar esta afectación.

Hiperacusia: concepto y síntomas

Se entiende como hiperacusia aquella condición en la que quien la padece manifiesta una disminución del umbral de tolerancia a los sonidos. Se trata de un tipo de hipersensibilidad que genera que la persona no sea capaz de tolerar sonidos que para otras personas son normativos debido a que les provocan un grado variable de dolor o malestar. Es frecuente que las reacciones se presenten especialmente ante sonidos fuertes y súbitos o bien ante sonidos repetitivos y continuos, pudiendo ser una tortura para quien la padece.

Es importante tener en cuenta un aspecto que a menudo se da por hecho: la hiperacusia no implica una mayor capacidad auditiva por parte de quien la padece en comparación al resto, siendo dicha capacidad normal o pudiendo incluso padecer algún tipo de problema auditivo. Es decir, no es que oigan más que los demás sino que sus vías nerviosas responden más fácilmente y tienen menor capacidad para resistir los sonidos.

A nivel cognitivo, la hiperacusia tiende a generar problemas a la hora de sostener la atención y concentrarse. También puede generar un aumento de la irritabilidad ante la persistencia de sonidos que no pueden evitar, así como la evitación conductual de aquellas fuentes de sonido que les sean molestias. Es frecuente que padezcan síntomas como cefalea, mareos, náuseas, acúfenos o fatiga física y mental. También problemas de sueño.

Además de todo ello, las personas con hiperacusia a menudo suelen tener problemas sociales derivados de su intolerancia a los sonidos. Este problema no suele ser bien comprendido socialmente, pudiendo ser muy limitante. Y es que al provocarles sufrimiento los sonidos del día a día, es frecuente que eviten o bien se irriten fácilmente ante fuentes de sonido que para otros son inocuas e incluso agradables. En muchos casos evitan lugares en que se den aglomeraciones, lo que hoy en día en los entornos urbanos es difícil de conseguir. En algunos casos deciden aislarse restringiendo el contacto social.

Causas

Las causas de este tipo de afectación, que puede darse tanto por sí sola como ser un síntoma de otro problema médico (como por ejemplo el síndrome de Williams), no son totalmente conocidas. Se especula con la existencia de daños o deterioro de las vías auditivas, especialmente en la cóclea.

Éstas lesiones pueden hallarse a nivel de oído interno o bien a un nivel cerebral. Los daños en cuestión pueden tener múltiples causas, que pueden ir desde la presencia de alteraciones o malformaciones congénitas a causas adquiridas. Entre estas últimas destacan la exposición a gran cantidad de ruido de forma continuada, que puede dañar las conexiones nerviosas y sensibilizarlas. También puede surgir a partir de los daños provocados por un traumatismo craneoencefálico (motivo por el que algunos sujetos que han tenido accidentes automovilísticos tendrían dicho problema) o incluso el consumo de algunas sustancias.

A nivel hormonal parece verse implicada la serotonina, siendo la alteración en las vías serotoninérgicas otra de las posibles causas de esta problemática. En algunos casos también se propone la privación de estímulos como etiología, pero resulta poco probable.

Tratamiento

Tradicionalmente, el consejo que se les daba a quienes padecen hiperacusia es el de evitar los ruidos que les supongan molestia, o bien emplear métodos de barrera que amortigüen los sonidos. Ello evita el sufrimiento, pero a la larga de hecho genera que el sistema auditivo se vuelva más sensible al no estar acostumbrado a manejar sonidos. Además en último término esto dificulta aún más el hecho de llevar una vida normal.

Resulta más recomendable que el paciente se exponga de manera controlada a niveles ambientales de ruido. Es recomendable que quienes lo padecen dispongan de dispositivos que les ayuden a generar un ruido lo suficientemente bajo como para que no les sea especialmente lesivo pero que les mantenga estimulados, procurando hacer que el sistema nervioso se adapte poco a poco a los sonidos más habituales. Es decir, se trata de generar una desensibilización progresiva que con el tiempo pueda disminuir la sensibilidad del sistema.

Otro aspecto fundamental a tratar es la psicoeducación tanto del sujeto como de su entorno. Este último aspecto es esencial debido a la gran dificultad que puede suponer comprender el sufrimiento del paciente ante estímulos considerados “normales”, desmitificar algunos aspectos asociados a este problema y contribuir a generar patrones de comportamiento y socialización que hagan que el sujeto se siente socialmente apoyado.

A nivel farmacológico suelen utilizarse benzodiacepinasantidepresivos ISRS (recordemos que la serotonina se ha visto asociada a algunos casos de hiperacusia) o incluso anticonvulsivos. A nivel médico en ocasiones se han empleado métodos de tipo quirúrgico, si bien esto no es habitual.

También puede ser necesario trabajar la posible aparición de episodios depresivos o realizar entrenamientos en gestión de la ansiedad y afrontamiento del estrés, que pueden ser tanto producto como elemento desencadenante de la sensibilidad al ruido de estas personas.