Cuando el número de opciones supera cierto umbral, la sobreinformación puede producir un nivel de estrés que conduzca a la parálisis. Y es que a veces puede hacerse complicado tomar una decisión cuando tenemos tantos caminos por los que tirar. Cuantos más elementos tengamos que excluir, mayor será el estrés y la indecisión

Ahora bien, gracias a dejar ir opciones nos convertimos en personas capaces; de lo contrario, tendríamos un exceso de carga física y emocional que nos haría el camino mucho más costoso.

Barry Schwartz y la paradoja de la elección

Esta semana, hablamos con Instituto de Asistencia Psicológica y Psiquiátrica Mensalus sobre la paradoja de la elección a través de los experimentos de Barry Schwartz.

¿Qué muestran los experimentos de Barry Schwartz?

El psicólogo y profesor Barry Schwartz argumentó en su libro The paradox of choice (2004), que el razonamiento “más opciones es más bienestar" no es necesariamente cierto. A priori, un mayor abanico de posibilidades es positivo y aumenta el bienestar de los individuos, pero si el número de alternativas cruza cierto umbral pueden aparecer efectos negativos.

Así pues, si el umbral se sobrepasa en exceso, los inconvenientes pueden pesar más que las ventajas, produciéndose la llamada paradoja de la elección. Lo que en un principio se entiende como “sumar”, en realidad, se vuelve en nuestra contra y dificulta la libre decisión.

¿En qué consistían los experimentos?

Uno de los experimentos se llevó a cabo en un supermercado. Consistió en ofrecer la degustación de una marca de mermelada. Se realizaron dos mediciones: en la primera prueba, el expositor ofrecía muchos sabores; en la segunda, eran pocos los tipos de mermelada que los usuarios podían degustar. En ambos casos se registraron cuántas personas se acercaban a probar la mermelada y cuántas terminaban por comprarla.

Pues bien, cuando había más sabores sobre el expositor el número de personas que decidía degustar era mayor, pero muy pocos acababan comprando. En cambio, cuando el número de opciones era reducido, menos gente se acercaba a probar pero casi todos compraban. ¿Por qué? Simple: ante tantas posibilidades no eran capaces de decidirse. La conclusión fue que, si la marca ofrecía pocos sabores, aumentarían sus ventas.

Un artículo publicado en el País titulado “Menos es más” comparaba este experimento con la estrategia utilizada en los restaurantes griegos de Nueva York. La carta de dichos locales era muy extensa. El bombardeo de platos que presentaba el menú aumentaba la indecisión entre los clientes. Esto provocaba que dejaran a un lado las opciones y preguntaran por las recomendaciones. Era entonces cuando el camarero aprovechaba para señalar aquellos platos donde el restaurante sacaba más beneficio.

¿Qué más experimentos llevó a cabo este psicólogo?

Schwartz fijó su atención en los universitarios. En varios experimentos se propuso a distintos grupos de alumnos la posibilidad de aumentar nota. En uno de ellos, el profesor dio la oportunidad de mejorar la puntuación a partir de escribir un trabajo voluntario. Al primer grupo de estudiantes le brindó la oportunidad de elegir entre pocos temas; al segundo, le planteó un largo listado de posibles.

Fijaros. El número de alumnos que escribían el ensayo era significativamente superior en el primer grupo. Escoger entre limitadas opciones les resultaba sencillo. Ahora bien, elegir entre un extenso repertorio de temas llevaba a los alumnos a parar el proceso. La mayoría prefería posponer la decisión y, como consecuencia, terminar por abandonar la posibilidad de subir nota.

Con este tipo de experimentos se pudo evidenciar como el exceso de opciones producía la parálisis en lugar de motivar hacia la acción.

¿Por qué?

El exceso de opciones en todos los casos producía estrés (en mayor o menor grado). El tener que pensar en la “encrucijada” más de lo deseado (teniendo en cuenta la situación y las posibles ganancias) llevaban a la persona a dejar de atender o tomar responsabilidad (no compro/no elijo ningún plato/no me esfuerzo en realizar un trabajo para subir nota).

Esto mismo nos puede ocurrir en la vida diaria. Cuando divagamos entre un exceso de opciones terminamos por aburrirnos e incluso agotarnos. El resultado es la no acción (“he visto tantos vestidos que ya no sé cuál es el que prefiero, ahora dudo más que al principio”).

La duda es un elemento conocido por todos. Justamente una de las estrategias para hacer frente a la duda es delimitar el número de opciones y dibujar planes concretos de acción. Por supuesto, siempre podemos encontrar nuevas alternativas, nuevas estrategias, nuevos focos donde atacar pero...

...¿Esto es siempre lo que necesitamos? ¿Qué nivel de estrés produce el extenso abanico de opciones en nuestra mente? ¿Qué nos ayuda a cerrar capítulos y qué nos lo dificulta? Responder estas cuestiones frena el pensamiento y delimita el abanico de posibilidades.

¿Qué paralelismo podemos hacer entre los experimentos de Schwartz y la intervención en Psicoterapia?

Desde la Psicoterapia trabajamos para ampliar la visión del mundo del paciente, detectar soluciones no intentadas y proponer nuevas estrategias de intervención. Ahora bien, siempre trabajaremos teniendo en cuenta la eficacia y el ahorro de energía vital. Anclarse en infinidad de posibilidades conduce a la persona a entrar en bucle y quedarse en la contemplación en lugar de dirigirse hacia la decisión.

Esto ocurre por miedo a equivocarse: la renuncia es el elemento clave. Cuantas más renuncias, la decisión genera más estrés y ansiedad.

Nuevamente nos preguntamos... ¿Por qué?

No se trata de las cosas que elegimos, sino de todas aquellas que perdemos al elegir. Las posibilidades constituyen alternativas excluyentes y nadie puede tomar ambos caminos en una encrucijada simultáneamente. Si elijo tomar el entrecot de segundo, no elijo comer el pato. Es cierto que otro día puedo volver al restaurante y comerlo, pero en ese momento debo elegir qué comer (“¿Estará bien hecho el entrecot?”, “¿Me gustará la salsa que acompaña al pato?”).

Lo cierto es que, cuantos más platos, más posibilidades tengo de “equivocarme” y no elegir la mejor obra culinaria, renuncio a más sabores y experiencias. Esta decisión tan banal puede traducirse en muchas otras mucho más importantes (centros de estudios, carreras, ofertas de trabajo, etc.).

¿Qué aporta la renuncia a nuestra vida?

La renuncia forma parte del proceso de maduración del ser humano. Elegir aumenta nuestra seguridad y autoestima. Gracias a dejar ir opciones nos convertimos en personas capaces, de lo contrario, tendríamos un exceso de carga física y emocional que nos haría el camino mucho más costoso.

Ponernos las cosas fáciles a la hora de decidir implica contemplar las opciones atendiendo a nuestra realidad. Las posibilidades, quizás, sean muchas, pero será nuestra responsabilidad considerar únicamente aquellas que respondan a nuestra necesidad y el de las personas que nos rodean.