Conceptos como ansiedad, angustia y estrés se han generalizado en la actualidad. Parece ser habitual que nosotros mismos o alguna persona de nuestro entorno haya sufrido en algún momento estas problemáticas. No sería difícil ponernos de acuerdo en que todos se refieren a estados desagradables, que pueden ir desde una molestia momentánea a un miedo o terror generalizado, que puede llegar a extenderse hasta abrumarnos en el día a día. 

Más allá de entenderlos como problemas, ¿sabemos las diferencias entre cada concepto? ¿Es posible que la confusión entre términos nos dificulte su abordaje? 

A continuación se pretende aportar información sobre el origen y matices de cada concepto y de las diferencias entre ansiedad, angustia y su relación con el estrés, para esclarecer las ideas que tenemos y quizá, aportar un poco de luz a la hora de afrontarse a cada una de ellas.

El miedo como recurso adaptativo

Los seres humanos disponemos de recursos naturales para la protección ante un peligro, lo que en ocasiones se conoce como ansiedad o miedo adaptativos. Sería como una herramienta que actuaría como señal de alerta ante el peligro. Por ejemplo, imaginemos la siguiente situación:

“Vamos paseando tranquilamente por una avenida, y escuchamos gritos de terror y vemos gente corriendo hacia una dirección. Sin pensar, corremos más rápido que nunca, buscando algun sitio donde refugiarnos.”

En esta situación, la interpretación de peligro ha sido automática, ya que ha generado la respuesta del sistema nervioso simpático (SNS), activación clave en lo que se conoce como las “situaciones E” (escape, estrés, emergencia). Cuando el SNS se activa se liberan, entre otros elementos, hormonas para aumentar la presión sanguínea (como el cortisol) y neurotransmisores para preparar una acción muscular explosiva (catecolaminas como la adrenalina, noreprinefina y dopamina) que permiten esta reacción de huida y por tanto, la protección ante una situación peligrosa. En este punto, el miedo nos protege de un peligro inminente y por tanto, tienen un valor funcional importante.

Ante esta situación, ¿actuamos en base al miedo o la ansiedad? La diferencia clave entre los dos es que la ansiedad se relaciona con la anticipación, es decir, con peligros futuros, difusos o imprevisibles, mientras que el miedo se relaciona con uno o varios estímulos o situaciones presentes.

Ahora bien, ¿qué pasa si este mecanismo adaptativo se relaciona con estímulos o situaciones que no representan un peligro o amenaza real? A pesar de las diferencias individuales y la manera particular de vivir de cada persona, si el miedo generalizado o el estado ansioso se mantiene y se intensifica, tanto en duración como en frecuencia, genera unas consecuencias negativas para la salud integral de la persona que deben atenderse.

Diferencias entre angustia y ansiedad

A principios de siglo XX, Sigmund Freud fue el primero en introducir el concepto de angustia de manera técnica. Utilizó el término alemán Angst para referirse a una estado de ánimo, con afecto negativo, con la consecuente activación fisiológica y, lo más importante, basada en algo indeterminado, es decir, sin objeto conocido o definible. 

Este concepto fue traducido al inglés como anxiety y en español fue traducido con doble significado: ansiedad y angustia. A partir de aquí se podría entender que los dos conceptos aparecen como sinónimos, en ámbitos no clínicos, hasta la actualidad, utilizados para describir un estado psicofisológico desagradable, que cursa con gran inquietud, intranquilidad, desasosiego ante peligros imprecisos y/o que generan un miedo exagerado y desadaptativo para la vida diaria.

A pesar que se utilizan como sinónimos de manera coloquial, en el ámbito clínico actual sí que aparece la diferenciación entre angustia y ansiedad. La herramienta más extendida a nivel internacional para la clasificación de trastornos mentales es el DSM-V (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), donde se incluye un apartado dedicado a los trastornos de ansiedad. 

En este manual se trata la angustia como subtipo de los trastornos de ansiedad. En este sentido, se define la angustia como lo que se conoce comúnmente como “ataque de pánico”, explicado como un episodio de miedo intenso que tiene poca duración. Por el contrario, la ansiedad se referiría a un estado que permenece más en el tiempo.

La ansiedad puede encontrarse de manera generalizada en múltiples acontecimientos o puede manifestarse en diferentes áreas y por motivos o causantes diferenciados. En este punto, las diferentes fobias conocidas (fobia social, agorafobia, trastorno obsesivo compulsivo, fobias ante un estímulo concreto...) tendrían como motor la ansiedad pero se diferenciarían según las manifestaciones o los sucesos desencadenantes.

La ansiedad como tal, más allá de los matices o explicaciones que aportan las diferentes corrientes dentro de la Psicología (psicoanálisis, gestalt, cognitivo-conductual...) debe entenderse desde su complejidad, ya que engloba una respuesta multidimensional. Esto significa que incluye aspectos cognitivos, emocionales y fisiológicos, caraterizados por una activación del sistema nervioso autónomo (formado por el sistema nervioso simpático y parasimpático) que suele generar comportamientos desadaptativos y que en ocasiones puede comportar un riesgo elevado para la persona que la sufre.

El estrés: conjunto de dolencias físicas, psicológicas y sociales

Una vez explicados los conceptos de ansiedad y angustia, se puede entender el concepto de estrés, que puede incluir los anteriores. De manera resumida, podría entenderse el estrés como una relación negativa entre la persona y el ambiente. Esta relación desadaptativa entre el entorno y la persona es dinámica, bidireccional y cambiante, pero tiene como núcleo el hecho que la persona percibe que no puede afrontar las demandas ambientales. 

La situación es entendida como conjunto de factores que supera los propios recursos disponibles. En este punto, la persona podría desarrollar ansiedad, angustia y otras problemáticas físicas y psicológicas diversas, que tendrían como punto en común la generación de un profundo malestar.

La complejidad de relaciones entre la persona y el entorno hacen prioritario que tanto la ansiedad, la angustia como el estrés, sean abordadas desde una perspectiva amplia y atendiendo a la multiplicidad de factores que intervienen (fisiológicos, cognitivos, emocionales, sociales...).

Dada la influencia de factores sociales en la implicación de estas problemáticas que ya empiezan a conocerse como “enfermedades del siglo XXI”, es responsabilidad de todas las personas que se conozcan, para así detectarlas y trabajar en su gestión, especialmente en la prevención de las mismas. Si una persona percibe algún tipo de problemática relacionada, ya sea en ella misma o en alguien de su entorno, es aconsejable que atienda los síntomas, que pida ayuda y cuanto antes mejor, para evitar que estos generen consecuencias más graves.

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association. "Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-V." Washington: APA (2013).
  • Martínez Sánchez, F. & García, C. (1995). Emoción, estrés y afrontamiento. In A. Puente (Ed.), Psicología básica: Introducción al estudio de la conducta humana (pp. 497-531). Madrid: Pirámide.
  • Sierra, Juan Carlos, Virgilio Ortega, and Ihab Zubeidat. "Ansiedad, angustia y estrés: tres conceptos a diferenciar." Revista malestar e subjetividade 3.1 (2003).