En la sociedad actual se otorga una enorme relevancia al aspecto físico. Desde los medios de comunicación hasta las formas más privadas de interacción, pocas áreas de la vida nos permiten alejarnos de la concepción general que equipara la delgadez y el atractivo físico con la perfección y el éxito.

La anorexia y la bulimia son dos trastornos de la alimentación en cuyo desarrollo la presión social por alcanzar un físico ideal juega un papel fundamental. La cercanía entre estos dos diagnósticos provoca en ocasiones una cierta confusión con respecto a su definición.

Definiendo la anorexia y la bulimia

La anorexia nerviosa se caracteriza por la restricción voluntaria del consumo de alimentos y por el progresivo adelgazamiento hasta llegar al infrapeso. Asimismo, se da una distorsión de la imagen corporal; esto quiere decir que las personas con anorexia se ven más gruesas de lo que son.

La anorexia tiene dos subtipos: el restrictivo, en que se pierde peso principalmente mediante ayuno y ejercicio físico, y el compulsivo/purgativo, en el cual se dan atracones y purgas.

Por su parte, en la bulimia  el  malestar emocional o el estrés desencadenan atracones, en general de alimentos con un elevado contenido calórico, seguidos por conductas purgativas (vomitar, usar laxantes) o compensatorias (ayunar, hacer ejercicio intenso) que son consecuencia de sentimientos de culpa o vergüenza. Durante los atracones se experimenta una sensación de pérdida de control sobre la ingesta.

La bulimia también se clasifica en función de dos tipos, uno purgativo y uno no purgativo, que se corresponde más bien con las conductas compensatorias como el ayuno.

Otros problemas psicológicos con un perfil similar son la ortorexia nerviosa, que se caracteriza por la obsesión por ingerir únicamente comida sana, el trastorno dismórfico corporal, que consiste en una preocupación excesiva por algún defecto físico, y la vigorexia o dismorfia muscular, un subtipo del anterior.

5 diferencias entre anorexia y bulimia

Aun teniendo en mente que los diagnósticos son sólo herramientas orientativas y que los síntomas de la anorexia y los de la bulimia pueden solaparse, conviene repasar las diferencias principales entre estos dos trastornos tal y como son entendidos por los manuales de Psicología.

1. Los síntomas principales: restricción o atracón

Los síntomas conductuales son una de las diferencias fundamentales entre la bulimia y la anorexia. De forma general, en la anorexia existe un estricto control sobre la conducta mientras que la bulimia tiene un componente más compulsivo y emocional.

En el caso de la bulimia la presencia de atracones frecuentes es necesaria para el diagnóstico. Si bien en la anorexia también pueden darse estos episodios, son básicos tan sólo en el subtipo compulsivo/purgativo, y tienden a ser mucho menos intensos que en la bulimia.

Las conductas purgativas y compensatorias pueden darse en ambos trastornos. No obstante, en el caso de la bulimia siempre se darán una o ambas, ya que la persona siente la necesidad de perder el peso ganado a través de los atracones, mientras que en la anorexia estas conductas pueden ser innecesarias si la restricción calórica es suficiente como para satisfacer los objetivos de pérdida de peso.

El  trastorno por atracón es otra entidad diagnóstica que se caracteriza exclusivamente por episodios recurrentes de ingesta descontrolada. A diferencia de los que se dan en la bulimia y en la anorexia, en este caso los atracones no van seguidos de conductas purgativas o compensatorias.

2. La pérdida de peso: infrapeso o peso fluctuante

El diagnóstico de anorexia nerviosa requiere un impulso persistente de adelgazar y que esté significativamente por debajo del peso mínimo que debería tener en función de su biología. Esto suele medirse mediante el Índice de masa corporal o IMC, que se calcula dividiendo el peso (en kilos) entre la estatura (en metros) al cuadrado.

En la anorexia el IMC tiende a estar por debajo de 17,5, lo cual se considera infrapeso, mientras que el rango normal oscila entre 18,5 y 25. Se considera que tienen  obesidad las personas con un IMC de más de 30. Hay que tener en cuenta, en cualquier caso, que el IMC es una medida orientativa que no diferencia entre masa muscular y tejido graso y que resulta especialmente imprecisa en personas muy altas o muy bajas.

En la bulimia el peso suele estar dentro del rango que se considera sano. No obstante, se dan importantes fluctuaciones, de modo que en periodos en que predominan los atracones la persona puede engordar mucho, y cuando la restricción se mantiene durante mucho tiempo puede ocurrir lo contrario.

3. El perfil psicológico: obsesivo o impulsivo

La anorexia tiende a relacionarse con el control y el orden, mientras que la bulimia se asocia más bien con la impulsividad y la emocionalidad.

Si bien esto no son más que tendencias generales, si quisiéramos hacer un perfil psicológico de una persona “estereotipadamente anoréxica” la podríamos calificar como introvertida, socialmente aislada, con baja autoestimaperfeccionista y autoexigente. De forma opuesta, las personas bulímicas suelen ser más inestables emocionalmentedepresivas e impulsivas, y más propensas a las adicciones.

Resulta interesante relacionar estos diagnósticos con los trastornos de personalidad que se asocian más comúnmente a cada uno de ellos. Mientras que en la anorexia predominan las personalidades obsesivo-compulsivas y evitativas, en la bulimia suelen darse casos de trastorno  histriónicolímite.

Adicionalmente en la anorexia se da con mayor frecuencia una negación del problema, que se asume con más facilidad en personas con bulimia.

4. Las consecuencias físicas: graves o moderadas

Las alteraciones físicas derivadas de la anorexia son más severas que las causadas por la bulimia ya que las primeras pueden comportar la muerte por inanición. De hecho, en muchos casos de anorexia se recurre a la hospitalización para que la persona recupere un peso aceptable, mientras que en la bulimia esto es significativamente menos frecuente.

En la anorexia es mucho más común que se produzca amenorrea, es decir, la desaparición de la menstruación o su no aparición en casos que empiezan a una edad muy temprana. También se suele detectar sequedad en la piel, debilidad capilar y aparición de lanugo (un vello muy fino, como el de los recién nacidos), hipotensión, sensación de frío, deshidratación e incluso osteoporosis. La mayoría de síntomas son atribuibles a la inanición.

Algunas consecuencias físicas habituales en la bulimia son la hinchazón de la glándula parótida y de la cara, reducción de los niveles de potasio (hipopotasemia) y la aparición de caries dental debida a la disolución del esmalte causada por los vómitos recurrentes. El vómito también puede provocar el llamado “signo de Russell”, callosidades en la mano debidas al roce con los dientes.

Estas alteraciones físicas dependen más de las conductas concretas de cada persona que del trastorno en sí. Así, si bien los vómitos pueden ser más frecuentes en la bulimia, una persona anoréxica que vomite de forma recurrente también dañará su esmalte dental.

5. La edad de inicio: adolescencia o juventud

Aunque estos trastornos de la conducta alimentaria pueden darse a cualquier edad, lo más habitual es que cada uno de ellos empiece en un determinado periodo de la vida.

La bulimia se inicia típicamente en la juventud, entre los 18 y los 25 años. Dado que la bulimia se relaciona con el estrés psicosocial, su frecuencia de aparición aumenta aproximadamente a la misma edad en que las responsabilidades y la necesidad de independencia cobran fuerza.

En cambio la anorexia tiende a empezar a edades más tempranas, fundamentalmente en la adolescencia, entre los 14 y los 18 años. En general se ha asociado el desarrollo de la anorexia con las presiones sociales derivadas de la maduración sexual y la adopción de roles de género, en concreto femeninos, ya que para los hombres la exigencia por la delgadez suele ser menor.

“Bulimia” y “anorexia” son sólo etiquetas

A pesar de que en este artículo hemos intentado aclarar cuáles son las diferencias fundamentales entre el diagnóstico de bulimia y el de anorexia, lo cierto es que ambos patrones de comportamiento son cercanos en muchos sentidos. Como hemos visto, muchas de las conductas características de estos dos trastornos, como los vómitos recurrentes o la práctica de ejercicio intenso, son tan propios de uno como del otro y en algunos casos sólo su frecuencia o su centralidad en la problemática permiten diferenciar entre anorexia y bulimia.

Además, es bastante frecuente que ambos diagnósticos se solapen, bien de forma sucesiva o en alternancia. Por ejemplo, un caso de anorexia en que se den atracones de vez en cuando podría acabar desembocando en bulimia. Además, si la misma persona recuperara sus patrones previos volvería a encajar con el diagnóstico de anorexia. En general, si se cumplen las condiciones para el diagnóstico de anorexia se da prioridad a éste por encima del de bulimia.

Esto nos hace reflexionar sobre la rigidez con que generalmente conceptualizamos los trastornos, cuyos nombres no dejan de ser etiquetas con la función de ayudar a los clínicos a tener una visión general sobre las herramientas de intervención más recomendables en el momento de afrontar cada uno de sus casos.

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5ª ed.). Washington, DC: Autor.