Este síntoma está ligado a la inactividad y a la abulia.

Cuando estamos tristes y cansados, como por ejemplo cuando nos llevamos un desengaño amoroso o cuando se nos despide de un empleo, hacer el menor esfuerzo puede llegar a hacersenos un mundo. Puede no apetecernos hacer nada e incluso que lo único que hagamos en los primeros momentos es quedarnos tumbados sobre la cama, durmamos o no, pensando o simplemente dejando pasar el tiempo.

Generalmente se trata de algo ocasional, pero en ocasiones este tipo de actitudes es mucho más frecuente de lo habitual e incluso se convierte en una tendencia. Dicha tendencia, propia de situaciones de elevado malestar emocional e incluso trastornos médicos o psiquiátricos como la depresión tiene un nombre concreto: estamos hablando de la clinofilia.

La clinofilia: ¿qué es?

Se entiende como clinofilia a la tendencia excesiva por parte de un sujeto a permanecer encamado o tumbado, a menudo sin ganas o fuerzas para realizar otra actividad más allá de permanecer en dicha posición. Dicha permanencia no se justifica por la presencia de una causa orgánica: es decir, el sujeto no está encamado porque no pueda biológicamente hablando levantarse de ella. Así pues, detrás de ello suele haber algún tipo de alteración o malestar psicológico, siendo frecuente la asociación con el sufrimiento.

La clinofilia no es un trastorno en sí mismo, sino más bien una manifestación conductual que nos podría estar indicando la presencia de uno: es decir, estamos ante síntoma de la existencia de un problema. Generalmente se asocia a malestar de tipo emocional que no se sabe como evitar.

Síntomas

En este sentido y en gran medida, podemos considerar que la clinofilia está asociada a la sensación de indefensión aprendida: la exposición continuada a una situación a la que no hemos encontrado salida hace que consideremos que nuestros recursos no son suficientes para hacer frente a la situación aversiva, inhibiendo nuestra actuación y adquiriendo una posición de pasividad al respecto.

Permanecer tumbados o yacentes impide que nos encontremos con la causa de nuestro dolor y nos permite estar en un lugar controlado y relativamente seguro, de tal manera que se impide la exposición a la causa directa del malestar. Pero por otro lado, impide solventarlo, lo que a la larga suele generar un malestar aún mayor.

Si bien la clinofilia en sí únicamente es esta tendencia a permanecer prácticamente inmóvil y pasivo en la cama, suele acompañarse de apatía, tristeza, fatiga mental o física, irritabilidad y con dificultades para encontrar belleza y placer en el día a día.

Dependiendo del caso puede aparecer llanto, así como también es posible que aparezca una falta de sensibilidad y de emoción, como anestesia emocional. No es infrecuente que aparezca también hipersomnia debido a la falta de actividad, y/o que venga acompañado por insomnio nocturno con falta de sueño reparador.

A nivel de consecuencias, además de potenciar lo anterior es frecuente que se genere en quien la manifiesta cierta sensación de culpa por la falta de acción y una disminución de la autoestima.

A nivel social pueden producirse problemas laborales (por ejemplo, impuntualidad o absentismo), y a nivel social puede generar también conflictos con el entorno (como por ejemplo la pareja o personas que cohabiten con el sujeto) e incluso aislamiento (tanto por la ausencia de ganas por parte del sujeto para relacionarse como por un posible rechazo a dicha actitud).

Causas y problemáticas en las que suele aparecer

La clinofilia es una actitud pasiva que suele darse como una reacción a una situación estresante, traumática o dolorosa para el sujeto. Esta conducta no tiene por qué derivarse del padecimiento de un trastorno psiquiátrico, sino que puede aparecer por la vivencia de fenómenos como los escritos en la introducción, la muerte de un ser querido (puede aparecer en un proceso de duelo), problemas de pareja o incluso por la mera falta de objetivos vitales y autorrealización.

En cualquiera de los casos, lo que suele haber de base es un elevado nivel de sufrimiento y malestar emocional que quita las energías al sujeto.

En lo que respecta a su aparición en trastornos mentales, los trastornos más vinculados a la clinofilia son la depresión mayor y otros trastornos depresivos, los problemas de ansiedad, el trastorno bipolar (en fases depresivas) y el estrés psicosocial continuado en el tiempo.

También es posible su aparición tras la vivencia de traumas o en trastorno por estrés postraumático (si bien en este caso hay además hipervigilancia y inquietud, con lo que la permanencia en el lecho es inquieta y tensa), y en trastornos de personalidad tales como el depresivo o el límite.

Otra posible con la que puede aparecer asociada es la abulia y alogia existente en pacientes con deterioro cognitivo, como en pacientes psicóticos con sintomatología negativa.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que la clinofilia puede ser tanto un síntoma de un trastorno como de una respuesta al diagnóstico, curso, pronóstico o dificultades generados por él (es decir que no sea el trastorno el que lo genera sino una reacción a algún aspecto de este). Asimismo, también puede ser una reacción al diagnóstico de enfermedades médicas tales como cáncer, VIH-SIDA, diabetes o cardiopatías.

Tratamiento de este síntoma conductual

Tratar la clinofilia puede ser mucha más complicado de lo que parece. Si bien los tratamientos pueden parecer relativamente simples, hay que tener en cuenta el gran sufrimiento y malestar que genera que el paciente esté en dicho estado, comprenderlo y darle respuesta. Asimismo, hay que tener en cuenta que para acudir a consulta el paciente (o bien su entorno) ha tenido que vencer su resistencia a la acción, algo que hay que valorar y reforzar.

El primer paso sería descubrir el motivo por el que la persona con clinofilia mantiene esta conducta, cuál considera que es su causa, sus emociones y pensamientos respecto a su falta de actuación y la interpretación que hace de ella (así como la funcionalidad que puede encontrar en ella). Asimismo, se ha de valorar si existen trastornos tales como la depresión mayor o la bipolaridad para hacer un tratamiento adecuado (recordemos que la clinofilia es síntoma de algo, sea o no un trastorno mental, y no un trastorno en sí).

Hecho esto, el paso fundamental es favorecer la activación del sujeto. Establecer pautas psicoeducativas es útil, así como programas actividades agradables o pequeños pasos (de forma más o menos graduada según el problema, si se exige un cambio dramático probablemente el paciente no lo acepte) que el sujeto se obligue a hacer. Por ejemplo sacar la basura o dar una vuelta por la manzana. Favoreciendo una activación contraria al malestar emocional poco a poco el sujeto presentará cierta mejoría conductual, pero ello no ha de ser lo único que se lleve a cabo.

Y es que también es necesario que se lleve a cabo un trabajo respecto a las causas de su malestar. Un ejemplo en este sentido lo podemos encontrar en la terapia cognitiva de Beck o en la reestructuración cognitiva de las creencias y sesgos que el paciente tiene. El trabajo en autoestima y autoconcepto también se hace necesario.

Un paso importante es favorecer el progresivo empoderamiento de la persona. Para ello pueden intentar recordarse momentos semejantes que el sujeto haya superado con éxito, explorar sus actitudes, actos y las consecuencias que estos tuvieron y analizar su aplicabilidad al caso actual. También favorecer la presencia de actividades en las que el sujeto presente cierto dominio y experticia, de tal manera que se vea a sí mismo como válido y capaz.

El entrenamiento en gestión del estrés puede ayudar a tomar conciencia de diferentes maneras de hacer frente a las dificultades, así como las terapias expresivas pueden ayudar a dar salida al malestar interiorizado de la persona que sufre. En los casos en que hay problemas de sueño, también se requerirá de un tratamiento adecuado al respecto, así como higiene de sueño.