Varias pautas acerca de cómo actuar si se duda acerca de la posibilidad de ir a terapia. Pxhere.

“Necesito ayuda”. Unas palabras que no solemos escuchar a menudo hoy en día, a pesar de que son muchas las personas que están sufriendo constantemente y requerirían de la asistencia de alguien. Problemas de autoestima, ansiedad, tristeza constante, la vivencia de eventos traumáticos que no podemos superar... Estamos hablando de personas que precisitan ayuda psicológica, pero que a menudo no acuden a ella por diferentes motivos o que no están seguros de si su problema precisa o no de ayuda profesional.

En este artículo vamos a hablar de cuándo necesitamos este tipo de ayuda y cómo y dónde obtenerla.

Ayuda psicológica: ¿cómo sé si la necesito?

La pregunta de cuándo necesitamos la ayuda de un profesional de la psicología puede parecer sencilla de responder, pero lo cierto es que muchas personas encuentran grandes dificultades para decidirse a consultar e incluso consideran que su malestar no es suficiente para buscar ayuda profesional.

Lo cierto es que en la práctica clínica los psicólogos atendemos a todo tipo de personas, con diferentes tipos de problemas. Pueden acudir a un psicólogo personas de cualquier edad y condición, si bien dentro de la psicología existen diferentes perfiles de profesionales más especializados en determinados sectores, como la psicología infantojuvenil o en la psicogeriatría.

Son muchas las problemáticas que se tratan o en las que puede intervenir un psicólogo. Es habitual que acuden a un profesional personas con problemas del estado del ánimo, ansiedad, problemas emocionales y/o de autoestima, personas con alteraciones cognitivas, problemas obsesivos (como el TOC) o psicóticos (por ejemplo una esquizofrenia), trastorno por estrés postraumático o aquellas personas con problemas adaptativos o con dificultades para afrontar determinadas situaciones.

Las disfunciones sexuales y problemas de pareja, la falta de comunicación o la presencia de problemas familiares son aspectos que también pueden llevar a una persona a consulta. Asimismo otras posibles afectaciones pueden ser problemas de aprendizaje, en la consecución de la propia identidad, o un alto nivel de estrés laboral. El asesoramiento familiar o la psicoeducación o afrontamiento de un enfermedad también puede ser llevada a cabo por un psicólogo.

Pero lo anterior solo son ejemplos. En realidad, cualquier persona que presente algún problema que le genere un profundo sufrimiento psicológico (estemos hablando o no de un trastorno identificado) o dificultades para adaptarse al medio que le rodea puede acudir a buscar ayuda profesional. Es posible que en algunos casos estemos ante un proceso adaptativo o derivado de una situación que no sabemos resolver o para el que no sintamos que tenemos recursos para solucionar.

Un psicólogo no va a arreglar, por ejemplo, un problema económico o un despido, pero puede ayudar a recuperar la sensación de control y combatir creencias de inutilidad o elementos desadaptativos que se instauren en la psique de la persona y que se deriven de ello.

Eso sí, hay que tener en cuenta que un psicólogo no es un mago. Muchas personas acuden a consulta esperando un remedio rápido y milagroso. Y en la mayoría de casos, esto no va a ser así. Es más, todo tratamiento o intervención realizada va a requerir de un esfuerzo por parte del paciente/cliente/usuario, sirviendo el psicólogo como un guía o promotor que les lleve a lograr la superación de sus problemáticas.

¿Por qué tanta duda?

Gran parte de la culpa de este hecho se debe a la persistencia de grandes prejuicios respecto a la labor de los psicólogos o al hecho de ir a uno. Y es que tradicionalmente y aún hoy en día se ha visto el hecho de acudir al psicólogo como indicativo de un problema de salud mental serio (hasta no hace tanto se nos llamaba “loqueros”), algo que a su vez es visto como estigmatizante.

A muchas personas ello les genera vergüenza, mientras que a otras les puede dar miedo descubrir la presencia de problemas serios. Otros sienten un profundo repara de abrirse y explicar sus problemas a una persona que no conocen, por mucho que dicha persona sea un profesional cualificado. Asimismo, muchos consideran que su padecimiento no es lo suficientemente serio o profundo como para requerir de ayuda profesional aún si llevan años sufriendo.

Y ello puede ser casi dramático, puesto que en muchos casos la postergación de la búsqueda de ayuda profesional puede contribuir a alargar e incluso cronificar problemáticas que podrían solucionarse o reducir el nivel de afectación que generan de manera mucho más rápida y eficiente de haberse iniciado una intervención más temprana.

Afortunadamente con el paso del tiempo el nivel de estigmatización que tiene el hecho de acudir a un psicólogo se ha reducido en gran medida, e incluso en lo que se refiere a padecer algún tipo de problema psicológico (siendo por ejemplo los problemas de ansiedad o depresión muy frecuentes en la mayoría de la población). Cada vez se es más consciente de la necesidad de ayuda profesional por parte de alguien formado en el funcionamiento de la psique humana. De hecho, técnicamente se calcula que una de cada cuatro personas necesitaría de algún tipo de ayuda psicológica en algún momento de su vida.

Ayuda psicológica: ¿pública o privada?

Antes de entrar a hablar sobre cómo buscar y encontrar ayuda psicológica por parte de un profesional en esta rama de la ciencia, cabe destacar que podemos encontrar profesionales que ejercen en la sanidad pública y otros que ejercen en la privada (existiendo también quienes ejercen en ambas).

Ambas opciones tienen ventajas y desventajas. Por un lado, la práctica privada supone un desembolso que dependiendo el profesional, su experiencia, marco teórico o especialización en una temática concreta puede ser mayor o menor. Asimismo, la gran cantidad de profesionales privados hace que pueda resultar complicado escoger uno en concreto. Por otro lado es posible realizar un seguimiento de cada caso más profundo, frecuente y eficaz, las sesiones son más largas y en general productivas y no hay listas de espera.

En lo que se refiere a la sanidad pública, aunque estamos ante un servicio de salud mental que no requiere de un desembolso directo por parte del paciente, las limitaciones del sistema de salud y la poca presencia de psicólogos dentro de dicho sistema hace que suela existir cierta demora a la hora de obtener una visita, siendo a menudo mensuales, y que el tiempo que dura cada visita sea salvo excepciones bastante limitado (con lo que hay menos tiempo para tratar la problemática en cuestión).

Tanto en uno como en otro sistema hay profesionales de gran calidad y que han recibido una formación intensa y exhaustiva durante años, no siendo su situación en la pública o privada algo determinante en este sentido. En ambos casos tienen las mismas funciones y responsabilidades a nivel legal, y en todos los casos deben estar registrados en el colegio oficial de psicólogos (en caso contrario no podría ejercer desde el ámbito clínico) y ser o Psicólogos Especialistas en Psicología Clínica y/o tener el título de Máster en Psicología General Sanitaria.

Otro tipo de ayuda diferente es la que ofrecen otros sectores, como el del coaching. Si bien pueden contribuir a dirigirse y hacer frente a algunos problemas del día a día y potenciar la realización de cambios y el fortalecimiento de potencialidades, hay que tener en cuenta que gran parte de los coaches no son psicólogos y sus conocimientos y competencias pueden ser muy limitados, no estando habilitados para el tratamiento de problemas y trastornos mentales o sanitarios.

¿Cómo se llega a un psicólogo?

El proceso de buscar y encontrar ayuda psicológica por parte de un profesional es relativamente sencillo, si bien depende en gran medida si se busca que la ayuda profesional sea llevado por la administración pública o por parte de un profesional privado.

Práctica privada

En el caso de buscar ayuda psicológica por la vía privada, la principal dificultad va a ser la de escoger a un profesional de entre la gran cantidad de consultas e institutos de psicología existentes. En este sentido, para guiarnos podemos hacer uso de diferentes directorios de profesionales, siendo el del Colegio Oficial de Psicólogos uno de los que nos va a permitir encontrar a los profesionales colegiados.

Para escoger correctamente sería útil conocer la línea o marco teórico empleado preferentemente por el profesional (si bien hoy en día una gran mayoría es ecléctico en lo que respecta al uso de las diferentes técnicas) de cara a escoger la que consideremos más apropiada, así como el tipo de problemática o problemáticas que trata en su práctica clínica. También puede ser de utilidad conocer el prestigio del profesional en sí (si bien ello no es indicativo de que nos vaya a ser de utilidad).

Por último también podemos guiarnos por las opiniones de los usuarios respecto a los diferentes profesionales, si bien hay que tener en cuenta que cada paciente puede tener preferencias determinadas y que existen diferentes ramas y maneras de actuar dentro de la psicología. Lo que le va bien a un paciente no tiene porqué ser lo que le va bien a otro aunque tengan el mismo tipo de problema, y el feeling y la relación terapéutica que se establezca entre paciente y profesional puede variar enormemente.

Otro aspecto a tener en cuenta es que si la relación terapéutica no fluye o después de un tiempo prudencial el tratamiento aplicado no da ningún fruto (recordemos que una terapia psicológica requiere de cierto tiempo y de la realización por parte del usuario de las tareas por tal de ser efectivo, y no siempre se captan sus beneficios al principio), podemos cambiar de profesional.

Una vez escogido el profesional, será cuestión de concertar una visita con el psicólogo en cuestión vía telefónica o por correo electrónico. En ese momento se van a pedir (si no los proporcionamos nosotros directamente) una serie de datos de cara a tener un poco de información, como por ejemplo una breve explicación de la situación general, datos de contacto y es posible que alguno demográfico. En cualquier caso, las primeras visitas están centradas en conocer el problema y la situación del paciente, cliente o usuario y a la evaluación de esta, para posteriormente entrar a analizar objetivos y un posible plan de tratamiento.

Práctica en el ámbito público

Llegar a concertar una cita con un psicólogo por la vía pública requiere en primer lugar que se acuda al médico de cabecera, el cual dependiendo de la situación puede derivar al sujeto a psiquiatría, y desde este a un psicólogo. Sin embargo, salvo que se detecte algún problema persistente y serio en muchos casos dicha derivación no se lleva a cabo a menos que el paciente en cuestión así lo requiera (en parte por la sobresaturación del servicio), siendo esto algo a tener en cuenta.

Así, en primer lugar el paciente suele pasar en primer lugar por el CAP (Centro de Atención Primaria), desde el que puede ser derivado a diferentes servicios en función de la problemática detectada. En caso de trastornos mentales, el sujeto es derivado a un Centro de Salud Mental (CSMA en caso de adultos o CSMIJ en población infantojuvenil). Una gran parte importante de casos únicamente reciben tratamiento en estos dispositivos, si bien en emergencias o fases agudas de algunos trastornos puede requerirse la estancia en otros dispositivos.

En caso de estar ante un caso urgente, como por ejemplo un brote psicótico o un sujeto en estado maníaco en fase aguda, puede ser derivado a Urgencias Psiquiátricas (en la que podemos encontrar unidades de desintoxicación o UHD, de patología dual, de problemas alimentarios, de adicción al juego, de discapacidad intelectual y trastorno mental o UHEDI). En caso de estar ante un caso de adicción a alguna sustancia, la derivación se realizaría a un Centro de Atención y Seguimiento a las Drogodependencias o CAS.

El sujeto estará en una Unidad de Agudos durante las tres o cuatro primeras semanas con tal de estabilizarlo. Tras la estabilización del paciente o en caso de precisar un internamiento temporal hasta que esté completamente estable, el sujeto podrá ser enviado a una Unidad de Subagudos durante un periodo de alrededor tres meses. En caso de precisarlo, el sujeto puede pasar a una Unidad de Media Estancia durante alrededor de medio año, a una Unidad MILLE en el caso de larga estancia.

Además de ello, puede acudirse a diferentes dispositivos residenciales temporales como los hospitales de día, las comunidades terapéuticas o servicios de rehabilitación comunitaria. También los hay permanentes, como los pisos tutelados y las llars residencials. En conclusión, son múltiples los servicios a los que puede acudir una persona en caso de necesitarlo, existiendo alternativas para tratar diversas necesidades.