Muchos autores se han encargado de determinar cuáles son las características y competencias que debe poseer un buen profesional de la psicología aplicada a la terapia. 

Como veremos, no todo se basa en el conocimiento teórico de las técnicas de intervención; otros aspectos más interpersonales tienen una influencia considerable en el éxito de la terapia.

La eficacia de la relación paciente-terapeuta

El ejercicio de la profesión de psicólogo clínico conlleva el dominio de dos tipos de conocimientos muy distintos. Por una parte, se requiere un aprendizaje teórico considerable de las distintas técnicas de intervención terapéutica que se correspondan con la corriente psicológica aplicada por el profesional (cognitivo-conductual, psicoanalista, fenomenológica-existencialista, contextual, etc.). 

El segundo tipo de competencia se centra en la interiorización de una serie de habilidades personales que van ser determinantes en el tipo de vínculo terapéutico que se establezca entre paciente y psicólogo. Así, esta última, va a marcar en una medida significativa la eficacia del tratamiento llevado a cabo. En las reconocidas investigaciones de Lambert (1986) sobre los factores implicados en el éxito terapéutico, se halló la siguiente proporción entre los distintos factores implicados:

1. El cambio extraterapéutico (40%)

Se refiere a aquellos aspectos propios del paciente y del contexto en el que este se desenvuelve; las circunstancias personales y sociales que le rodea.

2. Los factores comunes (30%) 

Incluyen los elementos que comparten todas las tipologías de terapia, independientemente de la corriente psicológica aplicada. Esta proporción refleja la calidad de la relación terepéutica entre ambas partes. En este sentido, Goldstein y Myers (1986) defienden los tres componentes principales en que debe basarse una relación terapéutica positiva: sentimientos de agrado, respeto y confianza recíproca entre ambas partes.

3. Las técnicas (15%)

Se relacionan con los componentes específicos que componen una clase de terapia en concreto. En este porcentaje se refleja la interacción entre el paciente y los componentes teóricos-prácticos utilizados por el profesional, es decir, cómo interioriza el paciente los métodos y contenidos de componen la intervención.

4. El efecto placebo (15%)

Se vincula a las expectativas del paciente y a la credibilidad que la intervención psicológica le genera.

Atributos del terapeuta profesional

Como puede comprobarse en un porcentaje elevado de las causas que motivan el cambio psicológico se encuentran implicadas variables que dependen de las habilidades derivadas del profesional. Tal como apuntaron en sus estudios Cormier y Cormier (1994), la eficiencia de esta figura se encuentra basada en un equilibrio entre las propias destrezas interpersonales y las de carácter más técnico.

Según los autores mencionados, las características que debe poseer un terapeuta eficiente son las siguientes:

  1. Poseer un nivel adecuado de competencia intelectual.
  2. Disponer de una actitud dinámica, persistente y enérgica en el ejercicio profesional.
  3. Mostrar flexibilidad en la gestión de las teorías, técnicas y métodos, así como la aceptación de diferentes estilos de vida igualmente válidos.
  4. Actuar en base a un equilibrio entre el apoyo y la protección del paciente.
  5. Guiarse por motivaciones constructivas y positivas, mostrando un interés sincero por el paciente.
  6. Disponer de un nivel de autoconocimiento suficiente sobre las propias limitaciones y fortalezas (teóricas e interpersonales).
  7. Autopercepción de competencia profesional suficiente.
  8. Necesidades psicológicas internas resueltas y capacidad de autorregulación que impidan la interfencia de aspectos personales de la figura del psicólogo en el desarrollo de la terapia. Este fenómeno se conoce como contratransferencia.
  9. Cumplir estrictamente los principios éticos y morales recogidos en el código deontológico profesional (confidencialidad, derivación a otro profesional, supervisión del caso y evitación del establecimiento de relaciones no profesionales entre ambas partes).

Factores que favorecen la relación terapéutica

A parte de las capacidades anteriormente indicadas, en Bados (2011) se mencionan otra serie de aspectos relativos al terapeuta que facilitan el establecimiento de un vínculo adecuado entre este y el paciente:

2. Cordialidad

Una expresión moderada de interés, ánimo, aprobación y aprecio se relacionan con el establecimiento de un clima de trabajo más favorable. En este punto, cabe encontrar también un equilibrio en la manifestación del contacto físico emitido, puesto que este tipo de gestos pueden ser fácilmente malinterpretados por parte del paciente.

3. Competencia

En este área son determinante tanto el grado de experiencia profesional del psicólogo como el dominio en la administración y aplicación de los contenidos comprendidos en la terapia concreta. Los resultados de las investigaciones de Howard (1999) parecen indicar que el dominio de este último aspecto sobre el primero se encuentra más asociado a un buen resultado de la intervención. 

Cormier y Cormier (1994) exponen las siguientes muestras de comportamiento no verbal como reflejo de competencia profesional: contacto ocular, disposición frontal del cuerpo, fluidez en el discurso, preguntas pertinentes y que estimulan el pensamiento e indicadores verbales de atención.

4. Confianza

Parece ser que este factor depende de la percepción que se genere el paciente a partir de la combinación de fenómenos como: la competencia, la sinceridad, los motivos e intenciones, la aceptación sin juicios de valor, la cordialidad, la confidencialidad, el dinamismo y seguridad y, finalmente, la emisión de respuestas no defensivas (Cormier y Cormier, 1994).

5. Atracción

Un cierto nivel de percepción del terapeuta como atractivo correlaciona positivamente con el resultado del tratamiento, según han demostrado Beutler, Machado y Neufeldt (1994). Dicha atracción se fundamenta en el grado de amabilidad y cordialidad suscitado por el profesional, así como en la percepción aspectos similares entre este y el paciente (Cormier y Cormier,1994). 

Acciones como el contacto ocular, la disposición frontal del cuerpo, la sonrisa, asentir con la cabeza, la voz suave y modulada, las muestras de comprensión, cierto grado de autorrevelación y el consenso sobre la estructura de la terapia aumentan el interés del paciente por su psicólogo.

6. Grado de directividad

Se recomienda un grado intermedio de directividad o estructuración de la terapia donde se pueda encontrar un equilibrio en aspectos como la facilitación de las instrucciones a seguir, la exposición de los contenidos de las tareas y temáticas abordadas en las sesiones, la resolución de dudas o la confrontación de determinadas ideas del paciente. Todo ello parece garantizar cierto nivel de autonomía en el paciente, así como la sensación de sentirse guiado y apoyado en el proceso de tratamiento.

Actitudes profesionales que ayudan a progresar

En la década de los sesenta Carl Rogers propuso los pilares fundamentales en que se debe basar la actitud del terapeuta para con el paciente: empatía, aceptación incondicional y autenticidad. Posteriormente, se ha considerado también muy relevante la habilidad de la escucha activa.

1. La empatía

Se define como la capacidad de poder comprender al paciente desde la perspectiva que este último posee y, muy relevante, el hecho de sabérselo comunicar. Por ello, previamente el terapeuta deberá ser competente en el entendimiento de cogniciones, emociones y comportamientos tal y como las procesaría el paciente, no interfiriendo la perspectiva del profesional. El segundo punto es el que realmente facilitará que el paciente se sienta comprendido.

2. La aceptación incondicional

Se refiere a la aceptación del paciente tal como es, sin juicios, y valorarlo como persona merecedora de dignidad. Truax y Carkhuff (1967, citados en Goldstein y Myers, 1986). Diversos elementos componen este tipo de actitud, como por ejemplo: compromiso alto hacia el paciente, deseo por comprenderlo o manifestar una actitud no valorativa.

3. La autenticidad

Esta actitud conlleva mostrarse como es uno mismo, expresando los propios sentimientos y experiencias internas sin falsearlas. Actos como una sonrisa espontánea, realizar comentarios sin doble sentido o la expresión de algún aspecto personal sincero indican autenticidad. Sin embargo, no se recomienda un exceso de espontaneidad; parece resultar relevante que las revelaciones personales por parte del terapeuta se orienten al beneficio del paciente y de la terapia exclusivamente.

4. La escucha activa

Consiste en la capacidad para recibir el mensaje del interlocutor (atendiendo al lenguaje verbal y no verbal), su procesamiento adecuado y la emisión de una respuesta que indique que el psicólogo está prestando toda su atención al paciente.

Actitudes que dificultan el progreso de las sesiones

Finalmente, se han reunido una serie de actuaciones que pueden producir el efecto contrario y perjudicar la evolución favorable de la terapia psicológica. Este listado refleja los principales comportamientos que el psicólogo debe evitar manifestar ante el paciente:

  • Mostrar inseguridad sobre la interpretación realizada sobre el problema consultado
  • Mantener una actitud fría o distante, ser crítico o autoritario.
  • Realizar demasiadas preguntas.
  • Interrumpir al paciente precipitadamente.
  • Tolerar y gestionar incorrectamente las expresiones emotivas de llanto por parte del paciente.
  • Desear ser apreciado por el paciente y obtener su aprobación.
  • Intentar eliminar el malestar psicológico del paciente con excesiva rapidez
  • Desequilibrar el abordaje entro los aspectos simples y aquellos más complejos de la terapia.
  • Evitar tratar temas conflictivos por temor a que el paciente pueda emitir una reacción emocional intensa.

Referencias bibliográficas:

  • Bados, A. y Grau, E. (2011). Habilidades terapéuticas. Universitat de Barcelona. Barcelona.
  • Cormier, W. y Cormier, L. (1994). Estrategias de entrevista para terapeutas: Habilidades básicas e intervenciones cognitivo-conductuales. Bilbao: Desclée de Brouwer. (Original de 1991).
  • Lambert, M. J. (1986). Implications on psychotherapy outcome research for eclectic psychotherapy. In J. C. Norcross (Ed.),Handbook of Eclectic Psychotherapy. New York: Brunner- Mazel.