Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, más conocido como Iósif Stalin (1879 - 1953) es con toda seguridad la figura política más importante de toda la historia del pueblo eslavo, de la etnia rusa más concretamente. Muchos no sabrán que Iósif o Josef nació en Gori, Georgia bajo mandato de los zares rusos. Nació en el seno de una familia un tanto desgraciada (pues su padre fue alcohólico).

Su paso por los libros de historia y política no resultan poco merecedores de mención, pues Stalin, además de crear un estado de dominio casi total sobre los ciudadanos, transformó la Rusia de carácter feudal a una potencia económica y militar, gracias a sus reformas agrarias impulsadas bajo el comunismo soviético, la militarización y modernización del ejército y la gran responsabilidad que tuvo su papel en el fin de la Segunda Guerra Mundial (1939 - 1945).

Breve biografía y el emerger de Stalin

Iósif Stalin se quedó huérfano en plena adolescencia, y al no poder hacerse cargo su padre de su educación (era pobre y a menudo azotaba a su hijo), entró en un internado religioso. De buen principio destacó por su insubordinación y desacato en el colegio ante las autoridades del profesorado.

Por aquél entonces, Stalin se unió a las filas de las luchas y actividades revolucionarias socialistas, oponiéndose al absolutismo de los zares. En el año 1903 el partido socialdemócrata ruso se dividió en dos, siguiendo Iósif las insignias del ala más radical denominada “bolchevique”.

Fue en ese momento donde Iósif adquirió el nombre de “Stalin”, que significa “hombre de hierro”, para hacer honor a su carácter implacable a la hora de llevar a cabo sus ideas, recurriendo a prácticas de dudosa legitimidad, como la purga que inició contra otro revolucionario como León Trotsky, su archienemigo en la pugna por el poder.

Refundado el partido Socialdemócrata como partido Comunista, Stalin llegó a ser el secretario general en el año 1922, después del triunfo de la Revolución Rusa en 1917, éste vio en el caos la oportunidad de ascender en el poder y hacerse el hombre fuerte del cambio.

La URSS y el Estalinismo

La Unión de las Repúblicas Soviéticas se instauró en el año 1922, hasta que cayó en total colapso en el año 1991. La idea de la república marxista era la emergencia de una potencia mundial socialista y extenderse geográficamente en su área de influencia. Esto supone su asimilación en toda la parte Euroasiática, llegando hasta los países árabes y latinoamericanos inclusive.

Como no podía resultar de otra manera, Iósif Stalin fue su máximo valedor y exponente de tal proyecto, y con mucha astucia supo imponer su ley. Convirtió al país en potencia no sólo económica o militar, sino también ideológica. Supuso una evolución meteórica a nivel industrial para Rusia, compitiendo con Estados Unidos la hegemonía mundial.

No obstante, todo tiene un precio. Precio que tuvo que pagar la población local, sometida a un estado policial, con toques opresores y eliminando cualquier tipo de disidencia política. Purgó a sus más directos colaboradores, impuso duras leyes laborales para acelerar el desarrollo tecnológico y tiranizó al resto de los Estados Satélites (países sometidos al régimen comunista).

Modelo para unos, opresor para otros

Iósif Stalin no dejó -ni deja- indiferente a nadie. Admiradores le vanaglorian e incluso le rinden tributo anualmente en su Georgia natal, convirtiendo el rito en una especie de peregrinación. Por otro lado, muchos son los que le califican como uno de los dictadores más sanguinarios que la historia jamás ha conocido.

Las medidas socio económicos que llevó a cabo “el hombre de hierro” son indiscutibles: reforma agraria, la revolución tecnológica, desarrollo de la industria aeronáutica que llevó a los rusos a ser los primeros en orbitar el espacio, y la colectivización de los medios de producción, marcó un antes y un después a nivel internacional que dura hasta el día de hoy.

Asimismo, todo ello lo consiguió con puño de hierro, a base de diezmar los derechos individuales como la libertad de expresión, la prohibición de exilio y con la creación de unos servicios secretos temibles como lo fue la K.G.B. Se dice que asesinó a más comunistas que sus propios enemigos.

Su muerte en 1953 por causas naturales, supuso el declive de la Unión Socialista y de su grado de supremacía, contribuyendo a la llamada “Guerra Fría”, donde la URSS perdería gradualmente influencia y poder hasta llegar a su fin en 1991.