Las fiestas de este joven emperador estaban llenas de pompa y boato. Lawrence Alma-Tadema, "Las Rosas de Heliogábalo".

Dicen que la historia suele esconder la esencia de la verdad, pero solo si se la busca. Que se obvian detalles, se guardan secretos y, a menudo, se maquilla la realidad dándole un toque interesado. El Imperio Romano siempre se nos ha mostrado como un período de grandes guerreros, excelentes pensadores y padres de la política moderna. No obstante, Heliogábalo es una excepcionalidad que merece unas líneas.

Y es que el emperador Heliogábalo es el gran desconocido, muchas veces apartado los libros grecoromanos por la supuesta necesidad de preservar "el honor histórico de los fundadores de Occidente". Resulta que este joven fue de todo menos normal y, concretamente, resulta especialmente ofensivo para el moralismo cristiano que siempre ha tratado de vincularse a los valores europeos.

No es que fuera el típico gobernador desmesurado con sus apariciones públicas o que disfrutara de todas las amantes que su privilegiado estatus le concedía. Heliogábalo fue un personaje fuera de su tiempo, en parte, porque fue el primer transexual de la historia del que se tiene constancia, además de un peligro para las personas cercanas a él, por otros motivos.

Busto de Heliogábalo.

¿Quién fue Heliogábalo?

Muchos libros de historia han tratado de perdonar las fechorías de los políticos más polémicos, engrandeciendo su figura como si de una película de Hollywood se tratara, con tal de crear un relato romántico sobre la épica de los ancestros de ciertas naciones. En otros casos, sin embargo, embellecer una biografía es demasiado difícil, así que se opta por ignorar a esas figuras que a pesar de hacer méritos para ser recordadas, no encajan con el relato "oficial".

Algunos de los césares más famosos de Roma como Nerón, Cómodo, Calígula o Galba, fueron los responsables directos de la caída del que fuera uno de los mayores imperios de toda la historia. A todos estos nombres hay uno que mágicamente desaparece de todos los textos que conocemos o hemos leído en diagonal sobre el Imperio Romano, quizás, por ser considerado uno de los peores de su calaña por parte de los historiadores, al menos hasta no hace tanto tiempo.

Heliogábalo, Elagabalus en latín, nació en la ciudad de Emesa, en la provincia romana de Siria en el 203, y murió asesinado en Roma el año 222 habiendo salido apenas de su adolescencia. Fue un emperador romano con efímero mandato, ya que reinó únicamente del 218 hasta la fecha de su defunción, un total de cuatro años. Fue su abuela Julia Mesa la que, con sus influencias políticas, tramó un complot contra el que fuera actual emperador, Marco Opelio Macrino, para elevar a su nieto Heliogábalo.

Heliogábalo, el primer transexual de la historia

La convergencia entre los historiadores expertos en la Antigua Roma es unánime. “Fue uno de los peores de su clase”, aseguran los que han hecho publicaciones acerca de él. Algunos de los autores más reconocidos como Elio Lampridio o Barthold Georg, llegaron a pedir disculpas por describir detalladamente algunas acciones de Heliogábalo.

Como emperador, Heliogábalo fue una bomba de relojería. Habiendo ascendido al poder a los catorce años, sus mandato como emperador fue una especie de constante festival del erotismo. Se dice que ejerció la prostitución, contrató a un regimiento de prostitutas y, lo más importante, quiso cambiarse de sexo quirúrgicamente. Sin embargo, el nivel de desarrollo tecnológico de la época no se lo permitió, por mucho que les insistiera a los médicos.

Por supuesto, el hecho de que desde muy joven Heliogábalo quisiera tener cuerpo de mujer, así como su atracción por los hombres, le ha valido el rechazo de buena parte de los historiadores a lo largo de los siglos. Sin embargo, hoy en día, en un contexto en el que la homofobia retrocede rápidqamente en muchos países occidentales, siguen existiendo muchos motivos para considerar a Heliogábalo un caos y un peligro público.

Asesinatos esperpénticos y autoritarismo en Roma

Desde muy joven, Heliogábalo llegó a ser el pontífice del dios El Gabal de su ciudad Emesa (Homs en la actualidad, Siria), una antigua deidad de la época, dios del Sol. La curiosidad de este dios es que estaba tallado en una piedra en forma de pene. Fue toda una declaración de intenciones cuando, poco después de desembarcar en Roma, legisló la adoración obligatoria a la estatua fálica en una zona en la que la ausencia de fieles de esa religión era total.

Lo más grave no era el objeto a adorar en sí, más bien en los rituales como ofrenda. Senadores y pretorianos debían asistir a estas afrentas, sin objeción. Escenas que eran de todo menos convencionales, sobre todo para la época: el emperador se vestía con atuendos femeninos y con el pectoral al aire, maquillado y con actitud femenina. Pero esto era lo de menos.

Por otro lado, Heliogábalo mató a varias personas como consecuencia de su necesidad de divertirse constantemente. Cuando organizaba fiestas y orgías, acostumbraba a hacer caer tal lluvia de pétalos sobre sus invitados que algunos quedaban sepultados y se asfixiaban.

El regimiento del sexo

La conducta del joven emperador fue tan antisocial como errática y marcada por las maneras más extrañas de salir del aburrimiento a costa del bienestar de otros. Constituyó todo un grupo paramilitar para buscar, rastrear y reclutar a los varones con el pene más grande de los dominios romanos. Quería a los hombres mejor dotados para su disfrute personal.

Conoció a Hierocles, un esclavo de Esmirna, y a Zotico, un fornido atleta griego más famoso por sus dotes sexuales que por sus logros deportivos. Se casó con ambos y, lejos de esconderse, llegó a reconocer públicamente su felicidad junto a estos hombres para que todo el mundo lo supiera, actitudes que empezaron a mosquear a sus senadores y a su propia guardia pretoriana. Se jactaba en las sesiones plenarias de las secuelas físicas que le dejaba su amante cuando practicaban sexo sadomasoquista (imaginarse las caras de los asistentes resulta francamente divertido).

La actitud de este joven, cuyo imperio dependía de él, no se quedó en meras actitudes sexuales a nivel privado. En la misma capital Romana frecuentó los tuburios más oscuros de toda la ciudad, ejerciendo profesionalmente la prostitución, construyó baños públicos para exponer las virtudes viriles de los ciudadanos e instauró los espectáculos de circo en el propio palacio imperial.

Toda esta excepcionalidad y desbarajuste socio-político, acabaron por que los propios que le ayudaron a erigirse en el poder de forma corrupta mediante el complot, hicieron lo propio con Heliogábalo, asesinándolo.

¿Tenía Heliogábalo algún desequilibrio mental?

No hay que confundir bajo ningún concepto la identidad de género u orientación sexual de este esperpéntico emperador con su tendencia a atentar contra el bienestar de los demás. Es muy relevante identificar el contexto en el que Heliogábalo fue nombrado líder del Imperio Romano, a una edad de 14 años, cuando todavía se está pensando en jugar a la pelota con los amigos.

La edad adolescente, aquella etapa de la vida en donde uno empieza a perfilar su personalidad, gustos y orientación sexual, se vio perturbada por los delirios de grandeza de su abuela, por el exceso de poder que supone ser Emperador de Roma y por la naturaleza perversa de la política de por aquél entonces, provocaron un desequilibrio emocional en Heliogábalo. Todo indica que Heliogábalo sí presentaba trastornos mentales, si bien esto no está relacionado con el hecho de ser transexual ni por sentir atracción por los varones.